Cercado. Cuando el paño de tela cayó y al fin, después de 330 años de su muerte, se mostró el rostro de sor Ana de los Ángeles de Monteagudo, un sonoro aplauso de los fieles remeció la iglesia del Monasterio de Santa Catalina de Siena.
“Qué hermosa era”, dijo una devota de la beata.
Su rostro, plasmado en una gigantografía de unos dos metros cuadrados, es el de una mujer de unos cuarenta años de edad, la mitad de los que tenía al morir. La única semejanza con el retrato que le hizo un pintor anónimo minutos después de las siete de la mañana del 10 de enero de 1686, cuando dejó de existir, es su barbilla (quijada).
Era costumbre de aquellos años hacer un último retrato a las monjas cuando fallecían, por eso también existe el retrato de Santa Rosa de Lima pintado por Angelino Medoro.
A Sor Ana de los Ángeles se le atribuyen decenas de milagros, la mayoría de sanación de enfermedades, pero el Vaticano no los ha corroborado aún y resulta demagógico hablar de ellos mientras no ocurra. Hace más de dos décadas se espera que Sor Ana sea elevada a los altares como santa, pero falta corroborar un segundo milagro que haría de ella la sexta santa del Perú.

Medio millar de personas participaron ayer de la ceremonia de presentación de la reconstrucción facial de la beata. El arzobispo de Arequipa, monseñor Javier del Río Alba, ofició la misa. Luego, como pocas veces ocurre en un recinto religioso, se dio paso la ciencia: se hizo la explicación del trabajo hecho para conocer el rostro de Sor Ana.
El brasileño Cícero Moraes tomó el micrófono y, con un castellano a medio dominar, contó que toda la labor se hizo en base al cráneo de Sor Ana de los Ángeles que se guarda en una urna de madera al costado del altar mayor del templo de Santa Catalina.
Se aplicó la misma técnica que la medicina emplea para fabricar prótesis de diferentes partes del cuerpo.
Al cráneo de Sor Ana se le tomó varias tomografías en el Policlínico Espíritu Santo en Alto Selva Alegre, el cual tiene uno de los equipos más modernos del sur del país. Tras eso se trabajó en programas de informática para digitalizar y  reconstruir el rostro capa por capa. En base a la información que se tiene ahora, podrían hacer varios rostros de Sor Ana en diferentes edades, pero decidieron dejarlo en una edad promedio de cuarenta años.
Moraes forma parte del Equipo Brasileño de Antropología Forense y Odontología Legal (EBRAFOL), quienes contaron con el apoyo de la Universidad Inca Garcilaso De la Vega. El año pasado hicieron la reconstrucción facial de Santa Rosa de Lima.
Cuando se difundió esa noticia, la priora de Santa Catalina, Rosa Elvira Cáceres, se puso en contacto con ellos para pedirles que hagan lo mismo con la beata arequipeña. La labor duró unos cuatro meses.
“Según la reconstrucción facial, Sor Ana fue una mujer de rasgos y características europeas”, dijo Moraes.
La beata fue hija del español Sebastián de Monteagudo de la Jara y la arequipeña Francisca Ponce de León.
Una vez que terminó la explicación del proceso de la reconstrucción facial, la urna, que contiene los restos de Sor Ana de los Ángeles, fue sacada en procesión por algunas calles del Centro Histórico.
“El milagro” de la ciencia hizo posible conocer cómo fue el rostro de la beata, lo que esperan sus fieles devotos es que ahora se dé la comprobación de un milagro verdadero para que sea canonizada.

 

Texto: Jorge Turpo Rivas
jturpo@editoramultimedios.pe

El Abasto
La Joya

Edición digita

La Joya alteral