Nervioóptico

Lo ocurrido con Delia Flores Tapara, acusada de secuestrar un niño, más allá de ser un acto discriminatorio, abusivo e injusto, es la demostración de que Arequipa cada día se aleja más de ser la “cuna de la juridicidad”, denominación ganada a pulso por los destacados hombres del Derecho que parió esta tierra a lo largo de su historia.

En los últimos años, nuestros jueces y fiscales aparecen más veces en las primeras planas por sus errores y malas costumbres que por sus virtudes y eficiente administración de justicia.

Al expresidente de la Corte Superior de Justicia de Arequipa, Benito Paredes Bedregal, lo obligaron a renunciar porque se supo que no pagaba la pensión de alimentos para su hija y porque apareció un video donde se le ve tomando licor en los ambientes de la Corte. Y como en el Poder Judicial también se ha convertido en norma eso de: “otorongo no come otorongo”, Paredes no fue separado y continúa impartiendo justicia.

Si creíamos que con ese caso habíamos tocado fondo, nos equivocamos. El juez Eloy Orosco fue hallado responsable de pedir favores sexuales a una litigante.

“Todos los actores de esta historia deben replantear su proceder. Una mujer inocente fue separada de su hijo y pagó errores ajenos.”

Cierto, hay jueces y fiscales decentes y eficientes en su labor. Lamentablemente, los que llegan a la judicatura fallados de fábrica, van ganando terreno.

A Delia Flores, un juez y un fiscal la mandaron a prisión por el único delito de ser pobre. La presunción de inocencia no valió para ella. Si habría tenido dinero para contratar un estudio de abogados, jamás habría pisado el penal de Pucchún en Camaná.

Fue vergonzoso ver al jefe de la comisaría de El Pedregal, comandante PNP Max García, saliendo a declarar que había un 70% de similitud entre el niño secuestrado y el hijo de Delia Flores. ¿Por qué no esperó el resultado de la prueba de ADN para recién hablar?

El presidente de la Corte, Johnny Cáceres, dice que el error es del sistema judicial y la fiscal coordinadora Miriam Herrera defiende al fiscal acusador José Lazo Paz, afirmando que actuó de acuerdo a ley, bajo la hipótesis de que el niño era Juan Pablo, secuestrado hace más de tres meses en Arequipa.

Hay que reconocer que parte de la prensa también hizo un papelón dando por hecho que se trataba de Juan Pablo, hijo de Rosa Casquina. Hasta ensayaron titulares diciendo que Delia Flores sería condenada a cadena perpetua.

Todos los actores de esta historia deben replantear su proceder. Una mujer inocente fue separada de su hijo y pasó seis días en la cárcel por culpa de errores ajenos. Si queremos empezar a hablar de justicia y equidad, Delia Flores -como mínimo- debe recibir una reparación civil y un desagravio público.

 

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