Cercado. La primera noche de Yenifer Luna Totocayo en el Colegio Mayor Presidente de la República, la pasó llorando. No recuerda otra despedida de sus padres con tantas lágrimas.
“Es como el primer día en que entras al jardín.  Nadie quiere quedarse. Choca mucho despedirte de tus papás. Pero sabes que es por un futuro mejor”, dice seis años después. Estudiar lejos de sus padres, fue parte del “sacrificio por un sueño”. Ahora cursa el décimo semestre de Ingeniería Industrial en la Unsa.
A Katherine Balboa Ccama le costó medio año adaptarse a su nuevo estilo de vida. De estudiar ocho horas en el Colegio Arequipa, pasó a leer todo el día y resolver problemas matemáticos por la tarde. También lloró la primera noche.
“Para eso se tiene un equipo de psicopedagogos que están a su cuidado todo el tiempo”, dijo Florencia Concha, directora del Colegio de Alto Rendimiento (Coar) de Arequipa.
Los especialistas se encargan de controlar la ansiedad y la depresión que pueden tener los alumnos al alejarse de su familia.

MOTIVACIÓN
Quien no sollozó en su primer día fue Erick Bengoa Yáñez. Su papá lo llevó y dejó en la puerta del Colegio Mayor en Lima. Le prometió que valdría la pena estudiar tan lejos. Se reencontraron cinco meses después.
“Pero tuve un compañero de mi colegio que se regresó en la primera semana. No soportó estar lejos de sus papás”, recuerda.Colegio Mayor
Otro arequipeño, Manuel Lupa Yucra, advierte que la motivación para mantenerse dentro de las paredes de un Coar, es la certeza de una educación gratuita de alto nivel y un futuro esperanzador.
“Ahí conocemos las realidades del Perú. Salimos de la burbuja arequipeña. Conocemos compañeros de tantas otras regiones y aprendemos de su cultura”, cuenta el ahora  universitario.
Los egresados arequipeños del Colegio Mayor han ingresado de manera directa a la Unsa. Es uno de los beneficios del Coar.

 

SUEÑOS DE GRANDEZA
Joaquín Palma Ugarte y Geraldyne Calloccy Saavedra, son dos de los cien primeros alumnos del Coar-Arequipa.
“Ellos son privilegiados, desde el 2015 ya no tienen que ir al Coar de Lima y alejarse de su familia. Estudian aquí y salen cada fin de semana a casa”, dice Florencia Concha.
Este año el Coar funcionará en las instalaciones del Colegio Teobaldo Paredes, en Paucarpata.
“Yo quiero ser ingeniero de computación y estudiar en el extranjero”, dice Palma Ugarte a sus catorce años.
“Éste año elegiré entre Arquitectura y Administración”, revela Geraldyne, la más entusiasta de los cien.
Entre risas, ambos extrañan al compañero más popular del salón: Wilson. “Es de Loreto, y nos cuenta sus historias de cómo cazaba monos en la selva con su familia”,  comentan.
En el Coar-Arequipa conviven 60 escolares de la región, y 40 de otras zonas del país (ver infografía).
El Estado invierte cerca de ocho mil dólares por alumno al año, que incluye la alimentación, uniforme, laptop, calculadora, libros, entre otros materiales.
Mañana es el último día para la inscripción en el Coar. Se ofertan cien vacantes.

 

Texto: Jimmy Boris Quispe Flores
bquispe@editoramultimedios.pe

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