Periodista: ¿Con el señor Alejandro Toledo?

Alejandro Toledo: ¿De parte de quién?

Periodista: De Sebastián Ortiz, periodista de El Comercio, de Lima-Perú.

Alejandro Toledo: En este momento está en una reunión, eh.

Periodista: Señor Toledo, solo le quería hacer un par de preguntas acerca del informe de la Unidad de Investigación Financiera que ha salido hoy en Lima.

Alejandro Toledo: Está en una reunión ahorita, por favor.

Periodista: ¿En cuánto tiempo lo podría volver a llamar?

Alejandro Toledo: No sé. Está en una reunión de las facultades.

Periodista: Ya. Lo vuelvo a llamar. Gracias.

Decir que los políticos mienten es como decir que el Sol sale todos los días: una obviedad. El mejor espécimen del político mentiroso es Alejandro Toledo. La conversación que he reproducido líneas arriba es contundente.

En agosto del 2013, cuando estalla el caso Ecoteva, Toledo se convierte en el hombre más buscado por la prensa peruana. El expresidente, dispuesto a hacer cualquier cosa para no dar la cara y evadir el tema, llega incluso a negarse a sí mismo.

Si hay una voz que reconoce todo el Perú —por lo engolada, pausada, grave y bronca—, esa es la de Alejandro Toledo; pero parece que el único que no se ha dado cuenta es él. Tanto así, que cree poder engañar al periodista haciéndose pasar por otra persona. Hizo el ridículo.

La política en el Perú es la ciencia de la mentira. El que mejor miente, gana. Ollanta Humala es, de hecho, uno de los candidatos que más mintió en las elecciones del 2011, y seguramente por ello llegó a la Presidencia. Un ejemplo: prometió que el balón de gas llegaría a costar 12 soles, y ahora vale incluso más de lo que costaba en esa época.

Pero no solo la clase política vive de la mentira; los ciudadanos también. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si un candidato a presidente del Perú dijera que va a hacer todo lo posible por subir el sueldo mínimo vital hasta cubrir el costo de la canasta básica familiar, pero que no lo garantiza? ¿O que solo va a iniciar la lucha contra la corrupción en el aparato estatal, porque esta es una batalla de largo aliento que tienen que terminar sus sucesores? Nadie votaría por él. Los peruanos estamos acostumbrados a los discursos altisonantes, afectados y embusteros.

El político que se sincere y hable de sus limitaciones, pierde. Los electores buscan seres omnipotentes. Si el Perú hubiera sido Reino Unido, a Winston Churchill lo habrían fusilado por prometer solo sangre, sudor y lágrimas durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Yura

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