La fe es la respuesta libre del hombre a Dios que se le revela; es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios y, al mismo tiempo, el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. Si bien el hombre, con el recto uso de su razón, puede reconocer la existencia de Dios a partir de las cosas creadas, no puede en cambio conocer el ser íntimo de ese Dios a través de sus propias fuerzas o capacidades. La fe cristiana es, sobre todo, don de Dios.

Dios no es una divinidad impersonal alejada del hombre. Él se ha revelado al hombre viniendo a habitar en medio de los hombres, para que lo podamos conocer y amar. Los hombres podemos conocer a Dios sólo porque Él nos ha buscado y nos ha encontrado primero, haciéndose hombre en el seno de la Virgen María y continuando su presencia entre nosotros a través de su Iglesia. Por eso, la fe en Dios es inseparable del misterio de la Encarnación y de la Iglesia.

La revelación no son sólo palabras, sino hechos. El contenido de la revelación no son afirmaciones teóricas, ni verdades aisladas, sino la presencia y el obrar continuo y misericordioso de un Dios poderoso y benevolente que cuida de nosotros y se nos presenta como digno de fe, de confianza, de obediencia y de amor. La fe es la respuesta a ese amor de Dios que se ha manifestado de modo perfecto en la muerte y resurrección de Jesucristo.

“Dios no es una divinidad impersonal alejada del hombre. Él se ha revelado al hombre viviendo a habitar en medio de los hombres…”

Cada vez me convenzo más de que la gran tragedia del hombre de hoy es que, abrumado por sus múltiples quehaceres y distraído por los ídolos de este mundo, no tiene tiempo de percatarse del amor de Dios y de su presencia en medio de nosotros

Para el cristiano, creer en Dios implica creer en su hijo Jesucristo y escucharle, porque como nos dice el evangelista san Juan, a Dios nadie le ha visto jamás sino que Jesucristo, que está en el seno del Padre, nos lo ha revelado. Jesús es el único que ha visto al Padre y, por eso, es el único que nos lo puede revelar. Del mismo modo, no se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Sólo el Espíritu Santo revela a los hombres quién es Jesús.

La fe es confianza en el poder de Dios – Padre, Hijo y Espíritu Santo – que se manifiesta favorable al hombre; es la respuesta adecuada a la gracia y a la fidelidad del Dios providente que cuida de nosotros con amor y misericordia. Por la fe entramos en el dinamismo de la vida divina y participamos en la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte. Este es el don que Dios nos quiere dar a través de su Iglesia. No lo dejemos pasar. la dignidad ciudadana y quizá esta vez no nos equivoquemos: elegir un gobierno decente y competente que asegure lo que toda sociedad civilizada demanda: el centro de toda acción estatal es la persona.

La tarea no es sencilla, cuando además los curtidos y sinvergüenzas que aspiran a representarnos, han construido alianzas antinaturales pretendiendo hacernos creer “que lo hacen pensando en el país”. O cuando nos dicen: la elección del Presidente del Consejo Regional es”legal,” no importa que sea ilegítima. Total, la moral no interesa.

 

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