El tiempo pasa y las elecciones presidenciales se acercan. De nuevo tendremos que asumir el peso de la historia en nuestras manos, otra vez acudiremos a las urnas a tratar de elegir lo mejor para el futuro de nuestro país y de nuestros hijos, nuevamente tendremos que enfrentar la complicada tarea que resulta votar en el Perú.
Si usted hasta ahora no se ha dado cuenta, pues hay que decirlo con todas sus letras: sí, votar en el Perú es muy complicado. La sabiduría y el decir popular han querido expresar la complejidad de nuestra vida electoral en una frase simple: entre el cáncer o el sida. Aunque la máxima trae consigo una cuota de exageración y una dosis de dramatismo, deja en claro que elegir al presidente en nuestro país es bastante difícil.
Votos golondrinos, candidatos tránsfugas, antivotos, votos al vacío, alianzas políticas, votos comprados, etc., son algunas de las muestras de lo complejo que resulta nuestro panorama electoral. Que si votas por un candidato de baja aprobación en las encuestas, resulta que permites que otro candidato pase a la segunda vuelta, y de nuevo a escoger entre el cáncer y el sida; que si votas por las propuestas que ofrecen estás errado, aquí no hay garantía de que se cumpla lo que se promete; que si votas por la persona, pues que haces mal porque se trata de un equipo de profesionales; que si por un candidato que invierte mucho dinero en la campaña, pues que luego robará para recuperar su inversión. Todo es confuso.
Con la intención de aclarar las cosas, en las últimas elecciones se empezó a promover la campaña del “voto informado”. Se pensaba que el elector tenía la culpa por votar sin conocer acerca de los candidatos. La idea resulta agradable, pero es utópica teniendo en cuenta que en el Perú el 80% de la prensa es controlada por un solo grupo económico y que hay, definitivamente, parcialidad. Sin embargo, por un momento, tratemos de pensar “sanamente” y confiemos en la imparcialidad de nuestros medios periodísticos: entonces, ¿quién podría despejar de la mente de los electores la impresionante cantidad de información y desinformación que circula?, que tal candidato dijo esto, que no lo dijo; que dijo lo otro, que no lo dijo; que es corrupto, que no lo es; etc., etc. Más confusión.
No quiero asustarlo, querido lector, solo deseo que se dé cuenta de lo difícil de su situación. Estoy firmemente convencido de que hay que informarse, pero entienda que debe aprender a discriminar la información. No basta con tener información, sino hay que tener un sentido crítico. No crea todo lo que lee, no haga caso a todo lo que escuche, no confíe plenamente en todos los programas periodísticos. Tenga la sana costumbre de dudar, aprenda a confrontar información, utilice su capacidad para enjuiciar, piense con calma. Recuerde no siempre lo más común o lo más rápido resultan ser buenas elecciones.

 

“La sabiduría y el decir popular han querido expresar la complejidad de nuestra vida electoral en una frase simple: entre el cáncer o el sida.”

El Abasto

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