Camaná. Antes de que los desagües de Camaná desembocarán frente a las playas de La Deheza, esta zona era el balneario de las familias más ricas de la provincia. En la primera mitad del siglo XX, La Punta aún estaba muy lejos para llegar a lomo de bestia, así que más cómodo era veranear en este centro poblado dedicado a la agricultura. Gilberto Morán, el comisario de La Deheza, recuerda que las muchachas más lindas del pueblo venían a veranear en la playa de piedras y se ponían a jugar en la elegante glorieta que se ubicaba a la entrada de los baños. “Cuando venían se aprovechaba para venderles la mejor pesca del día. En estas aguas se encontraban montones de corvinas, chitas y lenguado que se ofrecían en una hermosa ramadita”, dice este pescador de 75 años que hace décadas dejó de usar sus redes y cordeles en las aguas contaminadas de esta playa.

Ahora, cada vez que Gilberto quiere disfrutar del mar junto a sus nietos, frente a su casa, tiene que taparse la nariz. Aun así el olor no puede soportarse y tiene que aguantar las náuseas. El emisor del desagüe – un tubo de PBC de 24 centímetros de diámetro ubicado a solo unos metros de las casas de las 400 personas que viven en La Deheza – inunda el mar con los desechos del alcantarillado de más de 14.000 familias de la provincia. Diariamente las olas que bañan las orillas de La Deheza se tiñen de marrón con los más de 86,400 litros de desechos.

A su paso por las tuberías, las aguas pestilentes hacen colapsar los buzones en la zona baja de este centro poblado que antaño fue escenario de los romances de verano de los camanejos adinerados. Desde las primeras horas de la mañana, por las calles de La Deheza empiezan a discurrir los desagües que, durante las épocas de verano, llegan a meterse a las casas. Estos desbordes se deben a la instalación clandestina que 7,000 familias hicieron hace tres años en los distritos de Nicolás de Piérola y Samuel Pastor. Según el jefe de Sedapar en Camaná, Herberth Mendoza, el sistema de desagües fue construido para soportar 4,260 conexiones solo del distrito de Camaná. “Se han detectado más de 8,000 conexiones sin autorización que han puesto en emergencia al servicio de alcantarillado”, explica. El flujo del alcantarillado debería ser solo de 50 litros por segundo (lt/s) pero debido a los usuarios no planificados, la emisión puede superar los 120 lt/s, casi el límite de su capacidad. Sin embargo, durante los meses de verano la situación es más crítica debido al aumento de la población. En un fin de semana llegan a Camaná hasta 15 mil personas que fuerzan el servicio al máximo. Por esta razón, en la casa de Gilberto (y otras 30 familias) ya no se puede utilizar el baño. Han tenido que tapar con una piedra el agujero del desagüe para que los desechos que provienen de los distritos de la zona alta no inunden su casa. También han clausurado los sumideros de sus duchas. “Las familias ya no pueden ni bañarse y tenemos que mandar a los niños a jugar lejos, en la zona de playas para que no se enfermen”, cuenta el viejo pescador.

Los vecinos de La Deheza ya se han cansado de pedir una solución a las autoridades. Este año les han hecho caso, en parte, ya que el sistema colector de la provincia fue declarado en emergencia por la municipalidad de Camaná. Julio Monroy, jefe de Defensa Civil de la comuna, informa que se instalará en la zona un sistema de tuberías de 934 metros y 16 buzones que permitirá disminuir la presión en el emisor final. Sin embargo, esa infraestructura, que se instalará en los próximos 15 días, será solo un parche para un problema mucho mayor.

 

La Deheza: un vecindario con valor histórico y cultural

El presidente de la Asociación de Pobladores de La Deheza, Luis Quispe, indica que si se resolvieran los problemas del sistema colector, se podría impulsar al vecindehaza-0007dario como un punto de visita turística. “La Deheza es el lugar en donde se conservan mejor los valores tradicionales de la cultura de Camaná”, dice Quispe.

La Deheza no solo fue un balneario muy concurrido en el siglo XX sino que cuenta con edificios antiguos con valor histórico. Además, fue la residencia de Santos Pastor, quien vivió 126 años y 43 días y fue considerado en su época como el hombre más longevo del mundo.

 

 

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