Nervioóptico

No importa tu apellido. Te puedes apellidar Apaza, Flores o Neuenschwander. Tampoco importa que no sepas leer o creas que Mariano Melgar fue un destacado futbolista.
Ni te preocupes si eres un perfecto desconocido. No interesa. A la congresista Ana María Solórzano nadie la conocía antes de postular. Y mírala ahora, hasta llegó a ser presidenta del Parlamento y quiere repetir el plato.
No necesitas ni ser carismático. Marco Falconí es más frío que el poco hielo que le queda al Coropuna y lo tenemos ganando 15 mil soles mensuales, a pesar de que  quiso renunciar a su curul.
Lo único que necesitas para ser congresista es plata. Estar dispuesto a dilapidar una pequeña fortuna en la campaña electoral que apenas dura un par de meses.
Algunos venden su casa, otros la hipotecan, se hacen un préstamo y no faltan quienes inventan “polladas” para  justificar el dinero que lavarán en campaña.
En el partido de PPK, la tarifa inicial para los precandidato fue de tres mil quinientos soles. Justificaron el pago diciendo que era para dictarles un curso.
De los apristas sabemos poco, solo que la frase de su líder, Alan García, “la plata llega sola”, es como el sello distintivo de sus campañas.
Si uno quiere apostar a ganador debe gastar, como mínimo, unos ciento cincuenta mil soles para postular al Congreso. Nada es gratis en la política peruana. Cierto, los que deciden candidatear lo ven como una inversión, no como un gasto. Ser elegido significa ganar más de 200 mil soles al año en sueldos, múltiples gollerías y la puerta abierta para infinidad de lobbies bien pagados.
En el caso de Arequipa, la lotería congresal solo premia a seis representantes. Una vez elegidos, la mayoría desaparece. Se van a vivir a Lima, con los cambios que ello implica: sacar a los hijos del colegio y trasladarlos a uno de los más caros de la capital. Lo mismo si tienen hijos en edad universitaria.
El Congreso les cambia la vida a los seis elegidos. Ni su aspecto físico vuelve a ser el mismo. Solórzano, por ejemplo, sufrió una gran transformación. Cambió de look, de modisto, de personal trainer y hasta de mirada, cuando se hizo parlamentaria.
Y viendo las disputas internas, las pugnas, las pujas, las ventas y las compras que se dan en estos días para definir a los candidatos al Congreso en estas elecciones, no guardo la menor esperanza de que vayamos a tener mejores representantes que antes. Perdonen la tristeza.

vitplanet
inmobiliaria

Edición digita

aire acondicionado
Buscas casa

Publicidad