CERCADO. Los sacerdotes arequipeños dejaron los viejos confesionarios de madera tallada y salieron a ocupar el atrio de la Catedral en unos quioscos de plástico amarillo y blanco, para confesar a los fieles.
Lo hacen como parte del “Jubileo Extraordinario de la Misericordia”.
Daniel García es uno de los sacerdotes que ofrece parte de su tiempo para confesar a fieles en la Catedral.
Es una experiencia importante en su formación. Hace dos meses recién se ordenó como sacerdote.
Estudió Teología en la Universidad de La Punta-Callao. Ahora, a sus 35 años, cumple su misión en la parroquia San Miguel, en Simón Bolívar.

¿Son los sacerdotes los psicoanalistas del pueblo o, digamos, de muchas personas?

Es muy importante esa pregunta. Muchas personas conciben el sacramento de la confesión  como una terapia psicológica, como un desfogue. En el fondo buscan un desahogo ante el Señor.

¿Es difícil cumplir esa labor?
Por el ministerio que hemos recibido, el Señor nos ayuda a dar una palabra de esperanza.
¿Cómo lo hace?
Muchas personas vienen sin esperanza a raíz de las debilidades humanas, injusticias o conflictos internos. El Señor nos ayuda a hacerles presente su cercanía. Dios puede reconstruir la historia de una persona y, en medio de nuestras limitaciones, Dios va actuando en el día a día.

 

“La raíz del sufrimiento de muchas personas está en que viven para sí. El egoísmo, el querer ser dios sin Dios. Este laxismo moral pulula en todos lados. Se escucha mucho: yo hago lo quiero con mi vida.” La desgracia del hombre viene de allí.”

¿Qué pecados son los que más atormentan a los fieles?
Por el sigilo sacramental (secreto de confesión) no te puedo decir eso.
No le pido vulnere el sigilo, solo que me diga qué pasa en este tiempo por la mente de las personas que se vienen a confesar.
Hay una tendencia, y ya se decía en las Escrituras.
La raíz del sufrimiento de muchas personas está en que viven para sí. El egoísmo, el querer ser un dios sin Dios. Hay un engaño. Y se suma la actuación del demonio. En estos tiempos prendemos la televisión y vemos cómo el demonio va actuando y con gran influencia.

¿Y qué sucede con nuestros niños? ¿Qué ha cambiado en los niños que ahora viven rodeados de tecnología y bombardeados de información?
Antes había cierta cristiandad y cierta moralidad. Eso, poco a poco, se va desvirtuando con esas mentalidades liberalistas, permisivas, que te dicen “prohibido prohibir”, o que todo está permitido. Ese laxismo moral pulula en todos lados.  Se escucha mucho: yo hago lo que quiero con mi vida. La desgracia del hombre viene de allí. La tristeza del hombre es vivir para sí mismo. Es el infierno absoluto.
¿Cómo afecta en usted la confesión de los pecados de la gente?
En mi poco tiempo ejerciendo el ministerio, creo que las confesiones nos ayudan a sensibilizarnos. Hay cosas que humanamente yo no puedo hacer, me gustaría ser Dios para de alguna forma solucionarlo todo, pero eso no ocurre así. Es la pedagogía que Dios utiliza en las personas para encontrarse.
¿Ha escuchado algún pecado que le dejó impactado?
Gracias a la formación que Dios me ha regalado, uno entiende mejor a la sociedad, pero de alguna manera conmociona más el tema del aborto. Es el acto más desigual que existe. Acabar con un niño indefenso que no puede defenderse. Eso deja un gran dolor.
¿Cómo nació su vocación sacerdotal?
Vivía inmerso en mí mismo,  pensando para mí, en que la felicidad era tener dinero y hacer de mi  vida lo que yo guste; claro, sin hacer daño a nadie, pero había un principio de egoísmo. De pronto me di cuenta que Cristo me amaba en mis debilidades y me pude encontrar con ese amor gratuito.
¿Ocurrió de un día a otro?
No, es un progreso cotidiano, porque a la medida que uno se va encontrando con esa bondad de Dios, también se conoce a sí mismo.
¿A qué edad le pasó?
A los 19 años, cuando estaba a punto de irme a vivir al extranjero.

 

JUBILEO

El Jubileo Extraordinario de la Misericordia comenzó el 8 de diciembre de 2015 y concluirá el 20 de noviembre de 2016. Celebra el 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.
Las confesiones en el frontis de la Basílica Catedral se realizan de lunes a viernes de 09:00 a 12:00 horas y por la tarde de 16:00 a 19:00 horas. Participan sacerdotes de toda la ciudad.

Texto: Jorge Turpo Rivas
jturpo@editoramultimedios.pe

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