CERCADO. La noche anterior a su operación a la garganta, Dante Zegarra estaba tranquilo. Luego de tantos años agotando cajetillas de cigarrillos ya sabía cuál iba a ser el diagnóstico de los médicos, pero antes de resignarse a una muerte dolorosa, este periodista decidió refugiarse en la fe.

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Esa noche de enero de 1986, antes de que le hicieran una cirugía para extraerle unos bultos que sobresalían en su cuello, Dante pidió a su esposa que le trajera la reliquia de Sor Ana de los Ángeles que guardaba en su casa. Ese pedazo de la costilla de la milagrosa beata arequipeña llegó a sus manos el año anterior, cuando participó del traslado de los restos de Sor Ana de los Ángeles.

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Monseñor Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, arzobispo en ese entonces de la ciudad, le dio ese fragmento de hueso a Dante como un obsequio por escribir la historia del Monasterio de Santa Catalina, el recinto en donde Ana de los Ángeles Monteagudo  desarrolló su vida religiosa durante el siglo XVII.

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Horas antes de entrar al quirófano, Dante Zegarra se sobó el trozo de hueso en la zona afectada y le pidió a Sor Ana de los Ángeles que interceda por él ante Dios. “Señor, que se haga tu voluntad, pero recuerda que tengo una esposa y un hijo pequeño. Si te haces cargo de ellos, no temo partir”, decía en sus rezos.

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Dante no siempre había sido un fiel creyente de la beata. Como buen reportero, había sido un escéptico de los testimonios que hablaban de los milagros de la religiosa. Sin embargo, mientras investigaba para su libro sobre el monasterio se fue convenciendo de sus dones y empezó a admirarla por su liderazgo para ordenar los claustros en épocas de relajo espiritual y su capacidad para decir la verdad. Para cuando Dante cayó enfermo, ya estaba seguro de que la beata iba a protegerlo.

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Luego de la operación, los médicos le dijeron que tenía cáncer a los ganglios linfáticos. Requería ocho sesiones de quimioterapia, pero Dante tiró la toalla a la tercera porque no soportaba las náuseas y los dolores del tratamiento. Pese a que no regresó al hospital a tratarse el cáncer, Dante siguió su vida sin problemas. Hoy se prepara para celebrar sus 72 años y considera que la única explicación para curarse fue la intervención de la beata.

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OTROS TESTIMONIOS

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Historias como las de Dante Zegarra abundan en la ciudad de Arequipa y son una de las razones por las cuáles, el culto a Sor Ana de los Ángeles se mantiene. La priora del monasterio de Santa Catalina, Rosa Elvira Cáceres, considera que la devoción hacia la beata se está incrementando en los últimos años también gracias a iniciativas como la producción de una película sobre su vida o la peregrinación de sus reliquias por más de 60 iglesias de la ciudad.

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“Las nuevas generaciones se están identificando  con ella y sus valores. Hoy que no existen modelos a seguir, Ana de los Ángeles resalta por haber vivido fiel a sus convicciones y por eso tantos le mandan oraciones”.

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Una muestra de esto son los cientos de mensajes que se escriben en los cuadernos al ingreso del monasterio y en la celda que habitó la beata que nació en 1602. Estos tomos están cargados de oraciones de personas que piden la mediación de la beata para resolver problemas económicos o de salud.

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También hay testimonios de parejas que le agradecen la procreación de sus hijos y madres que relatan cómo sus hijos fueron salvados de morir en accidentes de tránsito. Sin embargo, la mayoría de estos casos, incluido el de Dante Zegarra, debido a la falta de pruebas médicas, no servirían para sustentar el pedido para que sea santificada.

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El creciente culto hacia Sor Ana de los Ángeles también está incrementando el número de visitantes al monasterio de Santa Catalina, en especial creyentes peruanos que peregrinan hacia la celda que ocupó la religiosa. Según Javier Velarde, gerente de Promociones Turísticas del Sur, empresa concesionaria del sitio, el flujo de turistas nacionales aumentó en el último año en 8%. Aunque no se puede asegurar que todos vayan a rezarle a la beata, es indudable que poco a poco se está consolidando como un símbolo de la religiosidad en el sur del país.

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“Incluso hay visitantes de Bolivia, Colombia, Chile y Argentina que entran al monasterio atraídos por la historia de la religiosa”, dice Velarde.

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¿CÓMO ERA SOR ANA?

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La reconstrucción del rostro de Sor Ana de los Ángeles usando tecnologías forenses también ha servido para acercar su imagen a más personas. En la ceremonia del 10 de enero pasado, más de 2,000 personas participaron de la misa y procesión.

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Ahora ya se tiene una proyección de los rasgos faciales de la religiosa cuando tenía 40 años (tez clara, ojos grandes, labios pequeños y mentón pronunciado), pero eso, al parecer, no asegura que la fe hacia la beata arequipeña vaya a crecer o disminuir. Por ejemplo, el periodista  Dante Zegarra, cada vez que le reza prefiere imaginársela como en el retrato post mortem que le hicieron en 1686, a los 84 años. Esa imagen de una venerable anciana llena de arrugas es su mejor remedio cuando necesita apaciguar los tormentos en su corazón.

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Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

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