A mano alzada

Es esta época, donde prima la velocidad, la síntesis, el “todo rápido”; en estos tiempos de Internet y las redes sociales, donde todo se resume a estar o no estar conectado; como se veía venir,  la batalla electoral virtual se produce con mayor apasionamiento a medida que se acerca la fecha esperada. Hasta allí todo ok. Hay que reconocer que el marketing también juega un rol importantísimo en la campaña. No obstante, ¿cuánto son capaces de ceder en aras del populismo marketero? Porque, ojo, el que un candidato sea popular (en estos días politiquescos) no tiene necesariamente algo que ver con que llegue a ser coherente, ético o probo. Y, por desgracia, ya sucedió en el pasado que elegimos regular, mal o pésimo. Qué tal si esta vez nos hacemos una.
Sugerencia aparte. Resulta que todos los actores políticos de hoy se enfrentan, se adulan e, inexorablemente, se lanzan golpes, golpecitos y golpazos vía Twitter, Facebook,  WhatsApp y demás. De todo esto y entre dinosaurios, camaleones, cheleros y millonarios, algo de decencia debe haber por ahí. Póngase sus anteojos, agarre su lupa, hay candy-datos y candidatos. Habría que recomendarles a los candy-datos que se arriesguen un poco. Pueden caer bien, mal o pésimo,  pero de sus acomodos y amagues ya estamos hastiados. Es, cuando menos, poco serio y poco coherente desdecirse, ¿cómo creer en alguien que en plena carrera se vuelve y empieza a correr hacia el lado opuesto?
Somos los electores y no está mal que pidamos (aun mejor: exijamos) un mínimo de coherencia. Si les apesta la unión civil, díganlo; no se acomoden. Si les indigna el aborto, díganlo; sean claros. Si no quieren la consulta previa, declárenlo sin medias tintas.  Son pocos los que no tienen rabo de paja, los candidatos. Lamentablemente, los más activos en redes son nuestros candy-datos, los que van creyendo por ahí que la cochinada del otro apesta más que la propia. Y entre, que sí, que no, que nunca te decides (alegre canción de El Símbolo), se han encargado, en esta campaña, que de vez en cuando nos tomemos a la política como un chiste.
Ojalá no terminemos sentando en el sillón de Pizarro al más cool, sino al más competente. Al que sea coherente con sus ideas y su plan de gobierno (además de saber leerlo, por cierto).  A la política nunca le ha faltado su lado bufonesco. Me pregunto si terminarán paseándose todos los candidatos por el programa de Carlos Álvarez, haciendo un poquito (más) el ridículo. Así que tenemos para escoger, hay candy-datos y candidatos.

 

“Todos los actores políticos de hoy se enfrentan, se adulan e inexorablemente, se lanzan golpes, golpecitos y golpazos vía Twitter”

La Joya
El Abasto

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