Desde hace un tiempo han comenzado a aparecer personas que se hacen pasar por sacerdotes católicos. Usan nuestros hábitos y libros litúrgicos y simulan que están celebrando nuestros sacramentos, cuando en realidad no lo están haciendo porque no son sacerdotes de la Iglesia Católica. Algunos de ellos han sido seminaristas, pero por su mala o insuficiente conducta fueron expulsados o salieron del Seminario; otros se han apartado de nuestra Iglesia y han creado su propia organización. Lamentablemente, sorprenden a los fieles porque no les dicen que no son sacerdotes de la Iglesia Católica, es decir aquella cuya cabeza visible a nivel mundial es el Papa y el obispo es el vicario de Cristo en su diócesis.
Esos falsos sacerdotes se ofrecen para celebrar supuestas misas, matrimonios y bautismos en casas, mercados, parques, restaurantes y hasta hoteles. En algunas ocasiones aprovechan capillas católicas que no tienen presencia permanente de sacerdotes o usan supuestas capillas construidas por ellos mismos o por otras personas en terrenos privados. No celebran en nuestras parroquias, porque como no son sacerdotes católicos los párrocos no se lo permitirían. En algunos casos, esos falsos sacerdotes han entregado supuestas partidas de bautismo o de matrimonio como si hubieran sido emitidas por una de nuestras parroquias, pero después se ha verificado que son documentos fraguados. En otros casos no han entregado ningún documento y los supuestamente casados o los padres de los niños supuestamente bautizados sólo se han dado cuenta de que los habían estafado cuando han recurrido al arzobispado a quejarse y se les ha informado que los habían engañado. Tampoco faltan casos en que se entrega documentos con el membrete de su organización, a la que llaman Iglesia Católica y le añaden alguna otra denominación, pero no le dicen claramente a la gente que no son la Iglesia del Papa y que esos documentos no son válidos en la Iglesia Católica.
Hay personas que recurren a falsos sacerdotes porque no aceptan que los verdaderos sacerdotes se nieguen a celebrarles la misa u otro sacramento en lugares que nuestra Iglesia no lo permite. Sin embargo, surge la pregunta: ¿de qué sirve simular que se está celebrando un sacramento cuando en verdad no se está celebrando? El falso sacerdote gana dinero por esa simulación, pero lo que celebran no tiene ningún valor y, por supuesto, sus oraciones no son sinceras ni honestas y, por tanto, no pueden ser oídas ni acogidas por Dios. Por eso, es importante que todos los fieles católicos sepan que el lugar indicado para pedir sacramentos es la parroquia de su barrio u otro templo católico conocido por todos como tal. Los párrocos conocen bien las normas de la Iglesia y saben dónde está permitido celebrar los sacramentos y dónde no es posible hacerlo.
Los verdaderos sacerdotes católicos se encuentran en nuestras parroquias y templos católicos. No son personas que se contratan por teléfono y van repartiendo tarjetas para que los llamen, como si fueran vendedores de sacramentos.

 

“Los verdaderos sacerdotes católicos se encuentran en nuestras parroquias y templos católicos. No son personas que se contratan por teléfono y van repartiendo tarjetas para que los llamen”

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