La columna del editor

“A cualquier individuo, si quieres saber cómo es, dale a que administre un poco de poder. Ahí verás quién es de verdad”, le dijeron alguna vez al escritor y periodista Fernando Ampuero. El poder es, pues, el licor más peligroso y revelador. Siempre está corriendo el velo que muchos llevan sobre el rostro.
El más pasivo de los seres humanos, el más sociable, carismático y justo, puede convertirse, con un poco de poder, en el más salvaje y tirano. Darle poder a alguien es casi como desnudarlo y ponerlo en vitrina. Se conoce mejor a los seres humanos cuando tienen el mundo en sus manos que cuando lo tienen a sus pies.
La política es el arte de decir lo que la mayoría quiere escuchar. Política es adaptar discursos y acciones a lo más conveniente. Política es, finalmente, actuación. ‘Nano’ Guerra García, cuando era parte del Partido Humanista, se mostraba a favor de la unión civil, pero ahora, vistiendo la camiseta de Solidaridad Nacional, dice estar en contra. Así es la política.
Lo bueno del poder es que desnuda, y lo paradójico es que va siempre de la mano de la política, una de las actividades más falsas.
Miren a los congresistas, cuando todavía no lo son, cómo besan a todo el mundo, cómo se desviven por atender a la prensa, cómo acuden inmediatamente al llamado de los más necesitados. Pero cuando llegan al Congreso son otros. No contestan el teléfono a nadie, declaran solo cuando quieren, se alejan de las muchedumbres, miran a todos por debajo del hombro.

 

La política es el arte de decir lo que la mayoría quiere escuchar. Política es adaptar discursos y acciones a lo más conveniente.

Por ello, qué gracioso es ver ahora a los que buscan la reelección. Vuelven a ponerse la careta del hombre comprometido con su pueblo y bajan al llano como cuando se cae en desgracia. Allí los vemos ahora, en medio de las masas, fingiendo un interés que el poder evaporaría nuevamente si llegasen al Congreso.
Y ni hablar de su trabajo propiamente dicho. ¿Qué ha hecho, por ejemplo, el congresista Tomás Zamudio? Bueno pues, revisemos: planteó una ley para declarar las peleas de gallos como patrimonio cultural inmaterial de la Nación, propuso que el primer domingo de mayo se celebre el Día de la Concientización de la Osteogénesis Imperfecta, presentó un proyecto de ley para prohibir el consumo de energizantes a menores de 18 años, apoyó la propuesta de que el distrito de Iray sea declarado como capital simbólica del Perú para la descentralización. ¿Seguimos?
Hay veces en que el trabajo de un congresista corresponde exactamente a su actitud: impostada y superficial.

El Abasto

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