Nervioóptico

La congresista Ana María Solórzano se ha convertido en la sombra de la gobernadora regional Yamila Osorio. La sigue a todas partes, sobre todo en las ceremonias donde asisten varios vecinos o grupos de dirigentes.
Siempre con una blusa blanca. Y, a veces, como ocurrió ayer en Hunter, Osorio tiene la mala suerte de ponerse una blusa del mismo color. Parecían dos gotitas de agua. Mellizas. A Osorio no le quedó más que ponerse un chaleco granate con el logotipo del Gobierno Regional para diferenciarse. Nada es más incómodo para una mujer que encontrar a otra con el mismo traje.
Pero el tema de fondo no es la blusa blanca de Solórzano, sino su afán de aprovecharse de las ceremonias públicas para hacer campaña política. Se aparece y promete una  lluvia de millones para obras. Cree que la gente es ingenua y no sabe que los congresistas legislan y fiscalizan, no hacen obras.
Ella insiste. Hace promesas de inversión desde el Cono Norte hasta Hunter. Su desesperación por figurar al costado de la gobernadora regional y de algunos alcaldes como Harry Gómez (Yura), se da hace poco. Coincide con su decisión de postular a la reelección.
Cierto, aún no está inscrita oficialmente y el Jurado Nacional de Elecciones no puede sancionar a quienes le permiten hacer proselitismo.
Mal hace Solórzano en valerse de certámenes públicos para intentar ganar votos.
Más de cuatro años no tuvo una presencia activa y cercana a la población arequipeña. Llegó a ser presidenta del Congreso y, en lugar de acercarse a Arequipa, terminó por alejarse. El poder le nubló la perspectiva. Ahora recién se acuerda que representa a esta región.
Osorio hizo un deslinde y dijo que no promociona la candidatura de Solórzano ni de ningún candidato. Su amiga congresista la pone en aprietos con su presencia.
A pesar de ello, las posibilidad de que Solórzano sea reelegida, es remota. El Partido Nacionalista está desmoronado y será difícil que coloque un parlamentario  por Arequipa en estas elecciones.
Bajo ese panorama, Solórzano tendrá que irse a su casa después del 28 de julio. Su carrera política fue meteórica. Ascendió como un cohete y parece que se resiste a volver a pisar tierra.
Por lo pronto, haría bien en dejar de lucir desesperada por figurar y competir con la gobernadora regional y los alcaldes en quién hace más promesas de obras. Solórzano ya tuvo su oportunidad.

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