CAYLLOMA. Cada noche los agricultores del distrito de Lari se pelean por el agua. A partir de las 7 p.m., en la comisión de regantes de este poblado de la margen derecha del valle del Colca, se empiezan a distribuir los roles de riego para los más de 320 usuarios de la zona. Este acto de organización comunal que suele estar lleno de camaradería, ahora se ha convertido en un espacio de discusión debido a la ausencia de lluvias desde hace diez meses. “El agua ya no alcanza y tenemos que priorizar la papa que puede servirnos de alimento y dejar de lado a quienes siembran alfalfa para los animales”, cuenta Edwin Rojas, dirigente de la comisión Lari.
Lari no recibe descargas del sistema de represas así que solo depende de las aguas de manantiales y las precipitaciones del verano. En un año normal, debería llover desde las últimas semanas de noviembre, pero a causa del Fenómeno de El Niño, hasta el 29 de enero de 2016 no había caído ni una sola gota de agua. Como las reservas hídricas ya escasean, un agricultor puede regar sus sembríos de papas cada 30 días, cuando debería hacerlo cada 15. El periodo de hidratación también ha disminuido: antes se regaba hasta por cuatro horas pero hoy las compuertas se cierran antes de las dos horas.
Debido a esto las áreas de cultivo, en donde deberían empezar a brotar, además de tubérculos, habas, arverjas, maíces y otros productos de pan llevar, se han reducido a terrenos eriazos en donde solo sobreviven unos plantones secos. “Las cosechas ya no podrán venderse. Cada planta solo bota tres papas muy pequeñas cuando deberíamos tener al menos diez. Como no hay agua, las raíces están secas como corchos”, dice Doris Panta, una agricultora de Lari que está a punto de abandonar sus tierras para migrar a la ciudad.
La crítica situación de Lari se repite en toda la provincia de Caylloma. Según los reportes de Senamhi, en la estación Chivay se ha registrado solo 22 mm de lluvia en todo enero, cuando lo normal es recibir 103 mm. En Cabanaconde solo ha caído, en todo el mes, 6 mm de precipitación, cuando el promedio mensual debería ser de 100 mm. El estrés hídrico ya provocó la pérdida de 924 hectáreas de cultivo (15% del área agrícola en ejecución) en Caylloma, de acuerdo al reporte de Gerencia Regional de Agricultura. Los cultivos destruidos en los distritos de Chivay, Achoma, Coporaque, Cabanaconde, Huambo, Ichupampa, Lari, Maca, Madrigal, Sibayo, Tapay, Tuti y Yanque están valorizados en más de S/. 12 millones 539 mil. Además, Roberto Neyra, director de la Agencia Agraria Caylloma, indica que si hasta la quincena de febrero no se regularizan las lluvias, hasta el 80% de los cultivos pueden afectarse, poniendo en riesgo la fuente de ingresos de casi 10 mil familias. “La pérdida de cultivos también perjudicará a los ganaderos, que pronto ya no tendrán forraje para alimentar a sus animales. El déficit se agravará a partir de abril ya que, como no hay agua, se han dejado de sembrar 4.000 hectáreas, casi el 50% de los terrenos de la provincia”, dice el funcionario.
La falta de lluvias durante este verano también está afectando los paisajes naturales del valle, uno de los principales atractivos para los turistas. Por ejemplo, el anfiteatro de Occolli, una bella estructura formada por andenes incas que maravilla a los visitantes con su verdor y sus caídas de manantiales, hoy se ha tornado amarillento. La misma desolación se observa a lo largo del camino. Además de la flora marchita, a lo largo del profundo cañón solo se ve un famélico río Colca que ha disminuido su caudal a la cuarta parte.
Camino a Yanque, al lado de sus cultivos de habas secas, el agricultor Miguel Chire, con 80 veranos encima, confiesa su más grande temor: “Los gringos vienen al Colca a disfrutar de la naturaleza, cuando esto se convierta en un desierto creo que ya no le importaremos a nadie”.

 

Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

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