La columna del editor

Nano Guerra García no tiene la simpatía y el carisma de Julio Guzmán, la grandilocuencia de Alan García, el tecnicismo de Pedro Pablo Kuczynski, la historia de éxito y la plata de César Acuña, ni tampoco la capacidad e inteligencia de Alfredo Barnechea (ha declarado que tiene una biblioteca valorizada en casi medio millón de soles). ¿Cuál es el atractivo de este candidato presidencial, entonces? Suena el tictac del reloj… Sigue sonando.
Que sea un empresario exitoso, como muchos creen, lo dudo; que enarbole la bandera de los pequeños empresarios, puede ser, pero no es el único; que, a diferencia de otros candidatos, sea consecuente con lo que dice, tampoco: es paradójico que un exrevolucionario y socialista sea ahora uno de los más grandes impulsores empresariales.
La verdad no sé qué atributos achacarle a Guerra García. Parece que él y su equipo de campaña se han dado cuenta de esta falta de sex appel y por eso quisieron llamar la atención con eso de mandar al carajo a sus contrincantes, pero la campaña no funcionó; el Jurado Especial Electoral Lima Centro 1 le abrió un proceso sancionador al candidato y este tuvo que retirar el polémico spot de su canal de YouTube. El título de la novela más famosa del escritor austriaco Robert Musil también podría ser el título del perfil de Guerra García: El hombre sin atributos.

 

¿Cuál es el atractivo de este candidato presidencial, entonces? Suena el tictac del reloj… Sigue sonando.

 

Dije que Guerra García no es consecuente con lo que dice, al igual que casi todos los candidatos, y esto hay que explicarlo mejor. Quedará claro con un solo ejemplo. Cuando era precandidato presidencial por el Partido Humanista de Yehude Simon, dijo: “Estamos completamente de acuerdo con la unión civil. El Estado no tiene por qué meterse en la decisión individual de las personas”. Cambió de camiseta, se puso la de Solidaridad Nacional, y también cambió de opinión: “Yo soy Nano Guerra García y estoy contra la unión civil. Creo que se pueden encontrar otros caminos para respetar los derechos homosexuales”, escribió en su cuenta de Twitter. Como se ve, el color amarillo le queda muy bien.
Al parecer a Guerra García tampoco se le puede atribuir la honestidad intelectual, pues su exsocio Yehude Simon lo acusó de plagio. El “humanista” señaló que el candidato presidencial de Solidaridad Nacional copió extractos de su plan de gobierno para elaborar el suyo.
Tampoco destaca en transparencia. En la web del Jurado Nacional de Elecciones, su hoja de vida carece de bastante información. Por ejemplo, no ha declarado nada sobre su formación académica.
Para postular a la presidencia del Perú, el camaleónico Guerra García (no olvidemos que también colaboró con el gobierno del dictador Alberto Fujimori) debe de tener un gran amor propio y creer en los milagros, pero con esto no se gana una elección. El impulsor del emprendimiento en el Perú parece estar destinado a fracasar en esta empresa.

Yura

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