El fin de semana anterior, dos cosas sucedieron en nuestra escena política: la entrevista a Verónika Mendoza y Urresti sentado en El valor de la verdad. Ambos candidatos haciendo campaña, cada uno a su manera; sin embargo, la finalidad es una sola: que el pueblo crea y confíe plenamente en ellos.
Si uno lo piensa desde esa perspectiva, pues la cosa es complicada. Ya no se trata de propuestas, sino de elegir a una persona que, lejos de tener un discurso bonito, sea capaz de realizar las mejoras que nuestro país necesita. Las propuestas pasan a segundo plano y la elección se convierte en una cuestión de credibilidad.
Las preguntas entonces son: ¿A quién creerle? ¿En quién podemos confiar? ¿Cuál de los candidatos realmente tiene la intención sincera de mejorar el país? Ver a Verónika Mendoza defenderse, con uñas y dientes, de un grupo de panelistas que solo busca hacerla quedar mal, hace pensar que probablemente podría ser una opción digna y limpia. No obstante eso no es garantía de nada, muchas veces hemos confiado y luego hemos terminado decepcionados.

 

“Siempre he pensado que para poder juzgar a una persona lo más importante es juzgarla a través de sus actos. Siempre son los actos los que mejor hablan.”

La prensa tiene la misión de tratar de desenmascarar a los malintencionados que solo buscan el poder, a los que adoptan discursos populistas para buscar el agrado de la gente. Los partidos políticos y los candidatos, en la pugna por llegar al poder, emprenden grandes contracampañas para tratar de restar a los demás y proponerse como la opción más recomendable.
Ya ha desaparecido el fin original de la política: Aceptar la difícil responsabilidad de ejercer el poder en procura del bien común. Ahora todos buscan el poder, pero cómo poder saber cuáles son las mejores intenciones. He ahí la difícil responsabilidad y labor del elector.
Siempre he pensado que para poder juzgar a una persona lo más importante es juzgarla a través de sus actos. Siempre son los actos los que mejor hablan. Pensemos en cuál podría ser el candidato que ha dedicado su vida a actuar en pro y beneficio de los demás. Averigüemos más sobre su trayectoria, sobre su vida profesional. Tomemos la elección con responsabilidad y tratemos es escoger lo mejor para el país. El Perú de hoy es un país que tiene otras oportunidades, nuestra economía está estable y vivimos una moderada bonanza. Tenemos la oportunidad histórica de hacer cambios y es nuestra responsabilidad elegir un gobernante que vele por nuestros intereses.
Recuerde, todavía no hay nada decidido. Elija una opción, pero no una por descarte, por recomendación o por interés propio. Analice con calma hasta que sienta que la opción que eligió es la que realmente le conviene al país. De usted depende.

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