Todos tomamos atajos en esta vida. Ese es el cínico mensaje que, al parecer, quiere enviarnos el asesor de campaña de César Acuña, Luis Favre, con el spot que difundió por redes sociales en el que alude que Martin Luther King (MLK) también copió a lo largo de su vida académica y política. “Este hombre vino de abajo. Hijo de una familia pobre de la zona rural y creyente en Dios, con mucho esfuerzo logró estudiar y consiguió llegar a la universidad. Presentó su tesis y obtuvo el título de doctor. Años después se descubrió que él plagió su tesis: había copiado de otros”, se escucha al inicio del video. También, más adelante, se cuenta que el Premio Nobel de la Paz y líder de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos, además plagió algunos de sus discursos y sermones.
Pero recordar los pecados intelectuales de MLK no solo es una forma atrevida de limpiarle la cara a Acuña y de que pasemos por agua tibia sus faltas (si es que se le puede llamar así a copiar más del 60% de su tesis de la Universidad Complutense de Madrid o publicar el libro de un exprofesor como propio). No, lo más peligroso de la propaganda de Favre es que pone en duda la necesidad de ser honesto. “Plagiar es grave, pero la vida de un ser humano no se reduce a eso”, dice el narrador al final del spot, como para que quede claro que, a veces, en esta vida hay que ser flexibles con algunas reglas insulsas para cumplir nuestros objetivos superiores.

 

No, lo más peligroso de la propaganda de Favre es que pone en duda la necesidad de ser honesto.

Así, este video quiere que por un ratito nos pongamos en los zapatos de Acuña y recordemos esos episodios de nuestra vida en los que también actuamos de la misma forma que él. La vez que tomamos el camino más fácil y nos olvidamos de jugar limpio. Por ejemplo, cuando hicimos trampa en el examen y transcribimos las respuestas del libro que teníamos debajo de la carpeta. O esa vez que copiamos y pegamos nuestra tarea de una página web sin siquiera cambiarle el formato de texto. O, tal vez, el día en que le pagamos un sencillo al policía de tránsito para que no nos lleve a la comisaría por manejar sin brevete o cuando sobornamos a un oficinista para que nuestro trámite salga más rápido. Es cierto, todos caemos alguna vez en la tentación de infringir las leyes, pero no es normal enorgullecerse de caminar por un sendero torcido. En cambio, con este spot, Acuña nos demuestra que no tiene problemas en alardear cómo le ha sacado la vuelta a la ley. A fin de cuentas: ¿Desde cuándo hay que ser honesto para convertirse en presidente del Perú?

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