Yanahuara. Paulo César Zárate, un joven cantante que dedica todo su tiempo a la música, dejó a su familia y la comodidad de su casa para salir a las calles y mostrar su arte: cantar con su guitarra.
Paulo no ha tenido una vida fácil. Desde los 5 años enfrentó el abandono de su madre. “Un día se fue, quería ser libre sin nosotros. Nos quedamos con mi papá, que tuvo que trabajar mucho por mí y mi hermano Jhonatan que solo tenía 2 años”, recuerda Zárate.
Él cuenta que un día le pidió a su papá que lo lleve a Matarani (Islay) porque extrañaba a su mamá. “Estuve un mes con ella, pero mi mamá un día me regresó a Arequipa. Yo quería quedarme con ella, pero ella no. Han pasado 12 años y no la he vuelto a ver”, rememora.
Tenía 16 años cuando terminó la secundaria. Entonces tuvo miedo de decirle a su papá que quería ser cantante. Su padre siempre le decía que tenía que seguir el ejemplo de su primo, quien estudió electrotecnia y ganaba mucho dinero.
Por congratular a su padre ingresó a la Senati y estudió esa carrera. Pero como todo lo que no es por vocación termina agobiando a las personas, él solo duró un mes allí.
“Una tarde me acerqué a mi papá y le dije la verdad, que no quería esa carrera, que mi sueño era ser cantante”, dice. Pero su padre le respondió: “Tú eres mi primer hijo, esperaba algo más de ti”.
SUS INICIOS
A partir de ese día, Paulo se sintió frustrado y lo demostró con su rebeldía a todo y a todos. Pensó en independizarse, en salir de su casa. “Fue una mañana cuando, equipado con unas ropas, salí de mi casa sin mirar atrás; olvidar mi pasado, dejar mi familia”.
Paulo encontró un trabajo en el camal pelando pollos, y durmió allí. “Los dueños me despertaban con la excusa de que los ayude. La verdad es que me hacían trabajar la noche entera desplumando las aves, día y noche pelando pollos”. Le pagaron 150 soles por un mes. “Me largué de ahí harto de trabajar tanto y que me explotaran”, cuenta.
Luego trabajó de vendedor de productos, de casa en casa, por tres meses. Fue un día cuando no vendió nada que le dijo a su amigo Joe, con quien vendían, “¡Vamos a cantar, al menos para sacar un pan!”. Joe, al principio, no quiso; pero luego aceptó acompañarlo. Ese día Paulo cantó solo, pero Joe estaba con él.
Cantó a capella la canción Color esperanza, de Diego Torres. “Sacamos 12 soles para almorzar. A partir de ese día me gustó cantar en público, empecé a amar la música, sentí que al fin encontré mi camino”. Es así como empezó a cantar a capela en las calles de Arequipa.
“El día más feliz de mi vida fue cuando cantaba en el restaurante Punto de Encuentro, un joven me miraba. Cuando terminé de cantar, pasó por mi lado y me dijo: ¿Dónde está tu guitarra? Le dije que no tenía. Me dejó su número y dirección. Dijo que me regalaría una guitarra que estaba empolvándose en su casa. Al día siguiente fui y me la dio”. Zárate cuenta que ese día dibujaba la sonrisa más grande del mundo al recibir a “Victoria”, como le dice de cariño a su guitarra.
El joven cantante vive por su sueño, que lo consume día a día. “Cantar es mi sueño, entregarme a la música con sentimiento. Lo más importante no es el dinero, ser un mediocre que trabaja solo por plata. Quiero que la gente entienda que morirá trabajando sin ser feliz si no se dedica a lo que le apasiona”, termina Zárate.
Él canta todos los días, a la 1 de la tarde, en la cevichería Moche de la Av. Ejército 1067. Su número celular es 988782356.

 

Texto: Leslie Navinta Alfaro
redaccion@editoramultimedios.pe

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