YURA Una cruz blanca de ocho metros de alto, hecha de rieles de línea férrea, es el santo y seña del lugar exacto donde cayó el avión de Faucett un día como hoy, hace veinte años. Un año bisiesto, como el actual.
Es una explanada al costado de una quebrada que los vecinos del lugar han convertido en el cementerio El Ángel. Las casas más cercanas están a cuatro kilómetros. Son de la Asociación de Minusválidos Vida Arequipa, del distrito de Yura, en el Cono Norte. Ayer celebraron su aniversario.
Hace veinte años era un desierto. Allí, a las ocho y veinticinco de la noche del 29 de febrero de 1996, se estrelló el Boeing 737 de la empresa Faucett.
Murieron 123 personas. No hubo sobrevivientes. Eran sesenta y ocho peruanos, cuarenta y dos chilenos, tres brasileños, tres belgas y un argentino.
El avión había partido de Lima y estaba a dos minutos de aterrizar en el aeropuerto Alfredro Rodríguez Ballón.
Con el paso de los años, los familiares de las víctimas colocaron cruces y pequeños mausoleos en el lugar del accidente. Pero ahora también se entierran a las personas de los pueblos cercanos: Vida y Jardines del Colca. El cementerio El Ángel ya tiene cerca de treinta tumbas. La carretera de trocha que va hacia Vida Arequipa pasa por la mitad del campo santo.

Mañana del 1 de marzo de 1996 cuando se hizo el rescate de los restos de las 123 personas fallecidas en la mayor tragedia aérea del Perú.

Mañana del 1 de marzo de 1996 cuando se hizo el rescate de los restos de las 123 personas fallecidas en la mayor tragedia aérea del Perú.

¿POR QUÉ CAYÓ EL AVIÓN?
Aquel accidente fue el inicio del final de la empresa Faucett. Dejó de operar al año siguiente, agobiada por deudas y malos manejos de sus directivos.
Ninguna persona fue sentenciada como responsable del hecho, a pesar que se comprobó una serie de negligencias que provocaron la tragedia.
Víctor Girao, especialista en Derecho Aeronáutico y ex
presidente de la Asociación de Pilotos de Faucett, tardó ocho años en investigar el caso y concluir que el avión cayó por la falta de potencia en sus turbinas. No respondieron durante el descenso porque además la nave llevaba ocho mil kilos de sobrepeso.
Girao escribió el libro “El último vuelo de Faucett”. En sus páginas pone al descubierto que Faucett empleó en ese vuelo una aeronave con motores no aptos para aeropuertos de altura. Se requería un avión con potencia de tipo “raya 17” y el que cayó era “raya 9”.

 

Recuerdo de los padres de una de las víctimas del accidente.

Recuerdo de los padres de una de las víctimas del accidente.

El especialista dijo que el entonces presidente de la compañía Faucett, Roberto Leigh Riveros, y el gerente Alberto Mandriotti Samaniego conocían esos hechos y tuvieron responsabilidad en emplear ese tipo de nave.
La investigación de Girao contradice el informe de la Comisión Investigadora de Accidentes de Aviación de la Dirección General de Transporte Aéreo que terminó culpando a los pilotos que fallecieron. Dijeron que habían descendido por debajo de la altura mínima oficial. Girao sostiene que lo hicieron para bajar los montos de la indemnización que se pagó a los deudos y librar de responsabilidad penal a los directivos de la empresa de aviación comercial.
Al final no se juzgó a nadie.
Algunos deudos, cada año, llegan a poner flores en el lugar del accidente, ahora cementerio El Ángel. Poco a poco, la zona se va poblando de más nichos.

La Joya
El Abasto

Edición digita

La Joya alteral