A mano alzada

Desde que recuerdo, las aguas, en estas épocas, hacen de las suyas en diversas regiones de nuestro territorio. Sembríos arruinados, huaicos que destruyen carreteras, desbordes de ríos, torrenteras que entran con fuerza y ciudades que colapsan son historia harto conocida. Causa, cuando menos, molestia y vergüenza ver esta situación caótica repitiéndose año tras año. Sin ir muy lejos, ya no recuerdo cuántas veces he oído o leído en los diversos medios informativos la cansina frase: Arequipa colapsa por fuertes lluvias. Habría que preguntarse ¿dónde está la novedad? Arequipa colapsó el año pasado, colapsó el 2014, el 2013, etcétera, y seguramente colapsará (una vez más) el próximo año. Y es que, lamentablemente, Arequipa es una ciudad que crece, como muchas en nuestro país, al caballazo –como dice mi madre– a las patadas, a punta de invasiones, tráfico de terrenos y urbanizaciones a costa de las zonas que hasta hace poco eran “la campiña” de la que tanto nos ufanábamos. Si a una planificación (si no escasa) nula le agregamos la desidia de algunas autoridades y la costumbre poco saludable de alguna gente que en la contumacia de la irresponsabilidad “construye” su vivienda donde no se debe, pues ya tenemos la fórmula ganadora que nos asegura el colapso en época de lluvia.
Recordemos que hace no más de un mes nos mordíamos las uñas por una posible sequía que nos tenía al “borde del colapso”; sin embargo, bastaron unas horas de copiosa lluvia para que nuestras –al parecer –, superficiales infraestructuras: by pass, malls, pistas recién resanadas y muros imponentes se conviertan en piscinas ocasionales, coladeras o un montón de concreto derruido. Posiblemente esto solo nos plantea la amarga sospecha de que la prevención es un asunto al que le damos poca importancia al momento de levantar paredes y del que nos lamentamos una vez iniciado el periodo de precipitaciones pluviales. El crecimiento de las ciudades es un fenómeno importante, en todos los ámbitos; no obstante, queda claro que una más sesuda planificación no nos caería nada mal ¿Acaso tenemos que recordarle a nuestras autoridades que son también elegidas para velar por la seguridad de su comunidad? A veces parece que sí necesitan que alguien se los recuerde, pero queda la desazón de saber que este es un problema del que todos sabemos, pero sobre el que poco se hace al respecto. De no creerse. No hace falta mucha perspicacia para pensar que en doce meses más, aproximadamente, Arequipa colapsará por fuertes lluvias ¿Qué se hará al respecto? Sabemos que no bastará con ponernos a (ll)orar.

fleming

Edición digita

Publicidad