Nervioóptico

El periodismo arequipeño está en crisis. Nunca antes, en los dieciséis años que ejerzo este oficio, he sido testigo de tanta mediocridad.
Aún así, continúan apareciendo publicaciones y hasta nuevos diarios. En la mayoría de casos provoca decirles: “Han empezado con el pie derecho, camaradas. Ahora falta que escriban con las manos”, palabras del gran Toño Cisneros.
Se combinan muchos factores en esta crisis. Y no sé si todo tiempo pasado fue mejor o si mañana será mejor. De lo que estoy convencido es que los bajos sueldos que ofrece el mercado periodístico arequipeño ha hecho huir a muchos colegas, capaces y bien formados, hacia otras actividades.
Y los que aún permanecemos en la brega seguro no duraremos mucho. Vamos, los periodistas no vivimos del aire, ni de la palmadita en la espalda cuando sacas una noticia de portada que remece la ciudad.
Somos seres de carne y hueso, con más errores que virtudes, quizás.
Por eso, cuando vean a un periodista que solo se dedica al oficio (en radio, televisión o prensa escrita), manejando un automóvil del año, puede estar ocurriendo dos cosas: su esposa gana más que él y le compró el carro o sus malas artes le están llenando los bolsillos.

 

“La crisis empieza en las escuelas de comunicación social de las universidades donde se forma a los nuevos hombres y mujeres de prensa”

 

Siempre entendí al periodismo como el oficio que busca la verdad. Callar y decir que todo va de maravilla en el periodismo arequipeño es mentir.
Seguro pasa lo mismo en otras profesiones. Los abogados dirán lo mismo, los médicos también. Pero en el periodismo la situación es más notoria porque la crisis empieza en las escuelas de comunicación social de las universidades donde se forma a los nuevos hombres y mujeres de prensa.
Hay excepciones, claro está, sin embargo gran parte de los jóvenes que egresan de esas escuelas no tienen noción de la realidad y hasta hablan con faltas ortográficas. No creo que en el corto plazo vaya a cambiar esa situación. Solo los esfuerzos personales de algunos periodistas que se apasionan por el oficio y se preocupan en capacitarse, destacarán bajo este panorama. Los periodistas no tenemos nada en especial que nos coloque por encima del resto. Los “reyes” siempre serán los lectores, los oyentes, televidentes o internautas. Con la crisis en ciernes, son ellos los que padecen las consecuencias de la mala práctica periodística. Creo que la mejor manera de combatir esa crisis es convirtiendo las salas de redacción en las verdaderas escuelas de periodismo. En este diario vamos por ese camino. Los resultados se verán en el tiempo.

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