Arequipa se ha construido a partir de las migraciones. Primero, los indígenas de los andes del sur llegaron a esta zona árida y construyeron andenes para implementar cultivos en medio del desierto. Siglos después, los conquistadores españoles –luego de recorrer kilómetros por los poblados de la sierra– se asentaron en esta villa fértil e implementaron canales de piedra para abastecer de agua sus parcelas y huertos al lado del río Chili. Durante la Colonia y la República, el mestizaje se fue fortaleciendo con los intercambios comerciales de los arrieros que trasladaban productos del Altiplano. En el siglo XX, la Ciudad Blanca se insufló del espíritu emprendedor y laborioso de los migrantes de origen aimara y quechua. Ahora, en el nuevo milenio, los pobladores de la Macro Región Sur que se asientan en la urbe siguen protagonizando el desarrollo de Arequipa.
De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística e Informática (Inei), el 25% de la población del departamento nació en otra región. Según el Censo de 2007, cuando la población de la provincia capital superaba las 864 mil personas, eran inmigrantes más de 292 mil habitantes. Hoy que el Inei calcula que Arequipa ya superó el millón de habitantes, la inmigración continúa.

Un cuarto de la población de Arequipa nació en otras regiones como Puno, Cusco, Moquegua y Tacna. El papel de estos inmigrantes en las dinámicas productivas y sociales cada vez es más importante en la Ciudad Blanca.

La mayoría de las migraciones recientes vienen de las regiones del sur. Entre 2002 y 2007, el 27% provino de Puno, 25.5% de Cusco, 6% de Moquegua, 4% de Tacna y 2,8% de Apurímac. Nilo Cruz Cuentas, secretario técnico de la Iniciativa Ciudadana Arequipa Te Queremos, señala que el principal aporte de la migración ha sido económico. “Los nuevos habitantes tienen mucho que ver con el crecimiento productivo que estamos viviendo: algunos aportan con mano de obra, otros con inversión e inyección de capital. El migrante es pujante por naturaleza y eso impacta positivamente en la dinámica económica de la región”, dice.
Espíritu emprendedor
José Enríquez, presidente del Club Departamental Puno, asociación con 80 años de actividad en Arequipa, indica que la mayoría de sus paisanos son comerciantes o microempresarios que generan sus propias fuentes de ingreso. La feria de El Altiplano, el Parque Industrial de Río Seco y los emporios de manufactura en el Cono Norte son una muestra de ello. Otro ejemplo de este emprendimiento son los estudios de abogados, economistas y otros profesionales independientes que desarrollan sus carreras en la región.
“Décadas atrás, los puneños venían a Arequipa a temprana edad para mejorar sus condiciones de vida y acceder a mejores servicios de salud y educación. Pero en estos tiempos, vienen de Puno más adultos con estudios superiores e inversionistas que buscan asentarse en este foco económico del país”, señala Enríquez.
APORTE CULTURAL
Belén Huamaní nació en Arequipa hace 22 años pero está orgullosa de las tradiciones que sus padres cusqueños le inculcaron. Como buena descendiente de chumbivilcanos, sabe torear en las fiestas costumbristas (en donde solo se usa capote y no se mata al animal) y cada Navidad participa del Takanakuy. “Tenemos el impulso de vivir nuestra identidad y darla a conocer al resto de arequipeños”, dice Belén.
Las actividades de la Asociación de Residentes Chumbivilcanos no solo llaman la atención de los migrantes de Cusco, los arequipeños también saben apreciarlas y las disfrutan. Lo mismo sucede con las manifestaciones culturales del Altiplano. Danzas como La Morenada y platos típicos como el Kankacho cada vez tienen más adeptos en la Ciudad Blanca. “Aunque quedan rezagos de ese discurso discriminador, cada vez más vemos que la música y la culinaria, así como la dinámica comercial, contribuyen a que nos hermanemos”, señala Enríquez del Club Puno.

Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

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