CERCADO. La cuarta captura del médico veterinario Carlos Gonzales Bedregal fue un perro escuálido que encontró en la torrentera de San Lázaro. El animal sangraba por la boca, tenía varias heridas en el cuerpo y se le cuadró en posición de ataque. Un mal movimiento de Begregal hubiera terminado en una mordida fatal: el perro tenía rabia.
“Lo atrapamos con una malla entre cuatro personas. Le practicamos la eutanasia en el hospital Honorio Delgado y corroboramos que tenía rabia”, ha dicho el médico. Horas antes, el perro había mordido a una señorita en la torrentera donde lo capturaron. La mujer tuvo que someterse a un tratamiento intensivo con sueros antirrábicos durante un mes, para no contagiarse del virus.
Era una mañana de julio del 2015. El can atrapado ese día fue el cuarto caso de rabia registrado en la ciudad. Entonces se declaró la alerta en toda la región. “El trabajo es arriesgado. Uno identifica de inmediato a un animal que puede tener rabia y debe tomar precauciones para atraparlo”, cuenta este veterinario de 40 años que hace 10 meses fue llamado a trabajar como jefe de la Dirección Ejecutiva de Salud Ambiental (Desa).
Gonzales dice que por lo menos necesita 5 veterinarios para eliminar la amenaza, pero solo cuenta con uno. Se trata del veterinario Freddy Mora, quien a la vez es el coordinador de la Estrategia de Salud de Zoonosis de la Gerencia Regional de Salud de Arequipa (Geresa).

Las personas mordidas deben acudir al centro de salud más cercano.

Las personas mordidas deben acudir al centro de salud más cercano.

UN TRABAJO DE RIESGO

Ambos son una suerte de cazadores de la rabia. Cada mañana acuden a los centros de salud de la ciudad que les alertan de posibles casos de este mal, para analizar los cerebros de los perros muertos en un laboratorio especializado. La masa encefálica se introduce en un frasco con 50% de agua y 50% de glicerina antes de ser llevado a los microscopios. El resultado se obtiene en 48 horas. El cuerpo del animal se coloca en una bolsa sanitaria y se entierra en una fosa común, lejos de la ciudad.
Pero otras veces deben atrapar a los perros ellos mismos. Entonces se colocan una gorra, guantes, barbijos y mandiles esterilizados para arrestar a los sospechosos. Tratar la rabia es una operación de vida o muerte. Por eso, ambos galenos se vacunaron contra la rabia antes de empezar en este trabajo.
“Si vemos que el perro tiene los síntomas de la rabia debemos practicarle la eutanasia: le inyectamos 0.5 mililitros de una vacuna especial que mata al animal en 10 minutos”, dice Gonzales. Al día analizan 4 canes sospechosos de portar el virus. Otra de las estrategias para luchar contra el mal es vacunar al 100% de los perros callejeros y domésticos. El 2013 la Geresa identificó 212 mil canes, pero ese año solo se inmunizó al 60% de animales. Este panorama mejoró en 2014 y 2015: se vacunó al 80% de la población canina.
MUNICIPIOS IRRESPONSABLES
“La responsabilidad no es solo nuestra, sino también de los alcaldes distritales (…) Ellos no cumplen con la ley que les exige crear un centro canino para los perros callejeros y controlar su población a través de censos”, se queja Freddy Mora. Solo el Municipio Provincial de Arequipa construyó su centro canil, pero solamente alberga a 25 perros. Existen casi 15 albergues en Cerro Colorado y Socabaya particulares, pero no cuentan con los permisos necesarios para funcionar. En vez de ser una solución, son un foco infeccioso porque los perros están apiñados, asegura el especialista. Su indignación no es para menos.
Es que la rabia puede infectar a una persona mordida o arañada por un can portador del virus y causarle la muerte en un mes, si no recibe tratamiento. El perro portador puede morir en dos meses. La enfermedad asoló Arequipa hace 14 años. Y cuando se creía que era un mal de otros tiempos, a inicios de 2015 rebrotaron dos casos en Camaná. Los médicos hicieron hasta 20 pruebas para asegurarse que el mal había vuelto.
El 13 de marzo de ese año se detectó el primer caso en Arequipa provincia. Ahora hay 31 casos confirmados en la región, 29 de ellos se reportaron en Arequipa provincia. En promedio, cada semana se detecta un caso.
La rabia no es una enfermedad exclusiva de perros, también la desarrollan gatos, murciélagos, monos y otros mamíferos. En el 2015 la Geresa ha vacunado a 198 mil perros y 1,500 personas que fueron mordidas.

Los resultados de los exámenes se conocen en 48 horas.

Los resultados de los exámenes se conocen en 48 horas.

NO RECIBEN AYUDA
“Las personas que no vacunan a sus perros también son responsables de que el mal se expanda en la ciudad”, lamenta Mora. La falta de interés de los 109 alcaldes de Arequipa en el problema es tanta que cada año el Ministerio Público solicita información a la Gersa sobre el apoyo que reciben de los burgomaestres. La respuesta, casi siempre, es la misma: los alcaldes poco o nada hacen para frenar la rabia. Dicen no tener dinero para implementar caniles.
La Geresa, por su parte, ha enviado hasta tres oficios durante el 2015 a cada alcalde para que cumplan con su responsabilidad. Incluso el Ministerio Público anunció que denunciaría por omisión de funciones a los alcaldes. A ninguno de ellos parece importarle esta amenaza.
Tanto Carlos Gonzales como Freddy Mora aseguran que identificar a un perro con rabia es sencillo: el animal babea demasiado, convulsiona, le teme a la luz, camina tambaleando y se vuelve inperactivo. Y si una persona es contagiada tendrá los mismos síntomas. Por eso, aconsejan, si uno es mordido por un perro debe lavarse la herida con abundante agua y jabón e identificar al animal mordedor. Del resto se encargarán los cazadores de la rabia.

Texto: Ruddy Torres Huamani
rtorres@editoramultimedios.com

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