PAUCARPATA. Luis Miguel Valcárcel Díaz ensaya cinco horas al día para interpretar a Jesús por última vez. Es que imitar al hijo de Dios desde el 2014 -dice- no es cosa fácil. Serán tres años de emularlo en 57 escenas, durante cinco horas, cada Viernes Santo. “Trato de transmitir un mensaje de amor y paz a todas las personas que vienen a vernos (…) interpretar a Jesús es un acto que hago con mucho respeto”, me dice cuando termina de escuchar a Poncio Pilatos, condenándolo a ser crucificado. No están en un palacio de Judea en el año 33 de nuestra era, sino en la Plaza de Armas de Paucarpata. Son las doce de la noche del viernes y, por ahora, los ensayos han terminado.
Luis Miguel no está solo. Sus 210 compañeros del Grupo Parroquial Jesús Nazareno ultiman los detalles para representar una vez más la vida, pasión y muerte de Cristo este viernes, en tres locaciones del distrito. Empezaron sus prácticas en diciembre, desde las ocho hasta las doce de la noche. Sus miembros se dividen en dos grupos: actores y miembros de logística.
Luis Miguel no tienen 33 años como Cristo, sino 26. Decidió pertenecer al grupo parroquial hace 10 años y desde entonces se ha preparado espiritualmente para emular el personaje. Su conjunto solo le permite ser Jesús por tres años. Es una norma tan sagrada como la Santa Trinidad.

 

Antes de cada escenificación, el grupo visita la tumba de Máximo Málaga, antiguo párroco de la iglesia Jesús Nazareno, y elevan oraciones a Dios para que todo les salga bien. 

 

RECORDANDO LOS INICIOS
El elenco se fundó el 4 de abril de 1980 con 20 actores. Lo impulsaron Boris Rodríguez, Urbano López y Raúl Salinas. Desde entonces, han recreado los últimos días del hijo de Dios en la tierra, cosechando éxitos entre la feligresía arequipeña.
Lo conforman profesionales y obreros, jóvenes y adultos mayores. En fin, sus artistas son ciudadanos comunes movidos por una fe tan fuerte como la de los apóstoles de Jesucristo.
El primer Vía Crucis que hicieron solo tuvo 12 escenas.
Aunque sus miembros no son actores profesionales, sus personajes parecen sacados de una producción de Hollywood. Prueba de ello es que cada vez que crucifican a Jesús en el Gólgota, decenas de personas lloran de indignación, miedo, arrepentimiento. “Es conmovedor ver cómo la gente renueva su fe en Dios con nuestra escenificación, muchas veces nosotros mismos nos olvidamos que todo es un teatro y rompemos en llanto”, cuenta Urbano López, fundador del grupo actoral.
Ahora el espectáculo de esta congregación se ha vuelto parte de la cultura religiosa de Paucarpata. Solo el año pasado, más de seis mil personas acudieron al distrito para ver su recreación. De a pocos, la tradición fue replicada en varios distritos de Arequipa. Urbano dice que ese fue el mayor logro que tuvieron. “Hacer que todos recordemos a Cristo”.
Interpretar el Vía Crucis es un verdadero reto. El guionista del elenco, Alessandro Carpio, comenta que lo más difícil es juntar a todos sus integrantes para los ensayos. “Estamos puliendo algunas escenas. No podemos juntarnos seguido porque todos trabajan, pero haremos nuestro mayor esfuerzo para que todo salga bien”, asegura entusiasta.
Para este año tienen una carta bajo la manga, para ganarse al público: harán que aparezcan decenas de panes y peces en la escena de la multiplicación de los panes. “Tratamos de hacer lo más real posible para que la gente sea parte también de las escenas”, me comenta Alejandro Chavéz, director del elenco. No será un milagro, sino “trucos actorales” que idearon incitados por una fe que no mueve montañas pero sí multitudes.

 

 

Texto: Alexis Choque Sarmiento
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