Se había contentado a admirar a Mario Vargas Llosa de lejos. Mario Arce Espinoza todavía era un inexperto estudiante de Derecho y no podía aspirar a más. Por más que fuera su tocayo y un lector casi tan voraz como el autor de “La casa verde”, acercarse a tan afamado escritor era imposible para un adolescente con inquietudes intelectuales. En esos días de 1990, al joven Mario solo le quedaba de consuelo asistir a los mítines que el candidato presidencial Vargas Llosa daba en la ciudad. Incluso, asistió al multitudinario discurso de cierre de campaña que ofreció en la Plaza de Armas de Arequipa, pero ahí tampoco tuvo chance de estrechar su mano.

En Librerías San Francisco, propiedad de Javier Ochoa, se pueden encontrar primeras ediciones de las novelas de Vargas Llosa. También hay volúmenes en otros idiomas de la obra del escritor.

En Librerías San Francisco, propiedad de Javier Ochoa, se pueden encontrar primeras ediciones de las novelas de Vargas Llosa. También hay volúmenes en otros idiomas de la obra del escritor.

En 1997, cuando la Universidad Nacional de San Agustín le otorgó el doctorado Honoris Causa a Mario Vargas Llosa (MVLl), Mario Arce también se tuvo que contentar con verlo a través de una fría pantalla que se había instalado en el Paraninfo para el público que no podía ingresar a la ceremonia oficial con las autoridades. En 2004, MVLl regresó a Arequipa para presentar en el Monasterio de Santa Catalina su novela “El paraíso en la otra esquina”. Mario Arce asistió al evento con entusiasmo, pero ese día retornó a su casa sin ningún autógrafo del escritor o fotografía a su lado para presumir con los amigos. “Siempre fui tímido y nunca tuve el impulso de pedirle que me dedicara un libro”, dice ahora Arce.
Tal vez porque nunca buscó ese contacto, a Mario Arce le pareció una jugada del azar que una mañana de febrero de 2010, Juan Manuel Guillén, en ese entonces presidente regional, lo llamara para dirigir el proyecto de la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa. Unas semanas después, Mario Arce estuvo frente a Vargas Llosa por primera vez. Fue un encuentro breve en el que solo se estrecharon las manos. Ese sería el inicio de una fuerte relación amical.
Al año siguiente MVLl, ya galardonado con el Premio Nobel de Literatura, regresó para la inauguración de la biblioteca que lleva su nombre. Vargas Llosa también aprovechó la ocasión para visitar la casa del periodista Carlos Meneses, quien nació el mismo día y año que el escritor. Ambos fueron atendidos, ese 28 de marzo de 1936, por la misma partera inglesa. Mario Arce, quien luego de titularse como abogado empezó a cultivar su vena de investigador, aprovechó esa visita para obsequiarle al Nobel uno de sus primeros estudios históricos: el libro de homenaje a Javier de Belaunde Ruiz de Somocurcio. MVLl recibió con una sonrisa el texto y tuvo la primera deferencia con su tocayo. “Ah, pero así no vale. ¡Tienes que dedicármelo!”, dijo el escritor mientras ojeaba las primeras páginas. Mario Arce, quien nunca se había atrevido siquiera a pedirle una firma a Vargas Llosa, le escribió con nerviosismo una dedicatoria que hoy no recuerda qué decía.

Vargas Llosa frente al escaparate de libros que Ochoa puso en 2011.

Vargas Llosa frente al escaparate de libros que Ochoa puso en 2011.

Con el paso de los años, su amistad se fue fortaleciendo gracias a la dedicación que Mario Arce le puso a su trabajo en la biblioteca. En un lustro este centro cultural ya cuenta con 17 mil carnés expedidos y ha organizado cientos de actividades. Este lazo se estrechó aún más debido a que Mario Arce fue el encargado de trasladar y catalogar los miles de libros que Vargas Llosa ha ido donando a Arequipa de su biblioteca personal. Como un reconocimiento a su trabajo, el año pasado, luego de la ceremonia de entrega del segundo cargamento de volúmenes, Vargas Llosa le lanzó este elogio en público: “Sé que mi biblioteca está en buenas manos porque mi tocayo ama los libros tanto como yo”.
Mario Arce se conmovió con esas palabras. Para un tímido abogado que se pasó su adolescencia leyendo como poseído, ese sería un recuerdo para atesorar hasta su muerte.
ESCAPARATE PARA SUS LIBROS
Esa noche del 23 de marzo de 2011 Mario Vargas Llosa irrumpió en el modesto local de librerías San Francisco y empezó a saludar a todos los trabajadores. El escritor hacía esa visita para agradecer el gesto del propietario de la cadena de librerías, Javier Ochoa Velasco, quien había colocado en su escaparate principal sus libros para que sean apreciados por los peatones que circulaban cerca a la Plaza Mayor.
Semanas atrás, cuando Javier Ochoa –un abogado que abrió su cadena de librerías en 1967– se enteró de que Vargas Llosa iba a llegar a Arequipa para ser homenajeado por la obtención del Nobel, empezó a buscar en sus almacenes las primeras ediciones de las obras del escritor para exhibirlas en sus tiendas. También adornó sus vitrinas con fotos y caricaturas de MVLl y mandó a imprimir una gigantografía en la que, debajo de una imagen del escritor recibiendo el galardón en Estocolmo, aparecía la frase: “Momento cumbre del arequipeño”.

MVLL le dedicó estas palabras a Javier Ochoa en uno de sus libros.

MVLL le dedicó estas palabras a Javier Ochoa en uno de sus libros.

La tarde de ese miércoles de 2011, la esposa de Mario, Patricia Llosa, mientras caminaba por el centro vio ese detalle en la fachada de la librería y le anunció a Ochoa que “en la noche iba a mandar a Mario a que se diera una vuelta”. Un poco incrédulo, Ochoa se preparó para la visita. Unos minutos después de las 9 p.m., cinco vehículos se estacionaron frente al local y el escritor ingresó vestido con un terno azul y una chompa celeste. En esa ocasión, le dio un cariñoso abrazo a Ochoa como si se conocieran desde siempre.
Indirectamente, la relación entre el librero y el escritor comenzó varias décadas atrás. Desde 1970 Ochoa siempre procuró tener en sus vitrinas las últimas novelas que publicaba Vargas Llosa. “Éramos distribuidores de Seix Barral y pedíamos varios ejemplares de La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en La Catedral. Eran libros con mucha demanda”, cuenta.
Actualmente, los libros de Vargas Llosa siguen siendo los más vendidos en sus tres tiendas: a la semana expenden decenas de ejemplares, entre novelas, colecciones de cuentos, teatro y ensayo. En su inventario tiene casi 200 títulos en español, inglés, alemán y francés de libros referidos a la obra del Nobel. Aunque este año no han organizado una exhibición especial por su cumpleaños número 80, en estos días su nueva novela “Cinco esquinas” tiene un lugar privilegiado en los escaparates.
En esa visita nocturna de 2011, Vargas Llosa, luego de tomarse fotos con los presentes, salió a observar la vitrina repleta de sus obras. Entre los ejemplares de “El sueño del celta” y fotos antiguas de sus amigos del “Boom” encontró un detalle que lo hizo sonreír como un niño. Arriba del escaparate habían dejado los gruesos volúmenes de la historia del club Universitario de Deportes de Rafael Quiros. “Me acordé que Vargas Llosa es hincha de la “U”, así que le regalé los dos tomos de tapa dura”, cuenta ahora Ochoa. Como buen librero, no podía dejar que uno de sus visitantes más ilustres se fuera de su local con las manos vacías.

 

Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

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