Alberto Fujimori no solo es un político nefasto porque saqueó las arcas del Estado para sus intereses particulares (según la Procuraduría Anticorrupción durante sus diez años de gobierno desaparecieron 6.000 millones de dólares) y fue el responsable intelectual de crímenes de lesa humanidad como las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta (recuerden que el Poder Judicial lo sentenció a 25 años de prisión por homicidio calificado, lesiones graves y secuestro).
No. Alberto Fujimori, como gobernante, no solo debe ser repudiado porque un 5 de abril de 1992 se zurró en las instituciones democráticas y dispuso –para imponer su proyecto de gobierno autoritario– disolver el Congreso de la República, intervenir el Poder Judicial y el Ministerio Público; además de reestructurar la Contraloría.
No. Alberto Fujimori, y su paso por la presidencia del Perú entre 1990 y 2000, no solo debe cuestionarse porque implementó una cruel política de control de la natalidad basada en las esterilizaciones forzadas a mujeres –principalmente– quechua hablantes, de zonas rurales y de escasos recursos económicos.

 

Alberto Fujimori no solo debe ser reprobado porque propició campañas de desinformación y linchamiento a sus opositores a través de los “periódico

 

No. Alberto Fujimori no solo debe ser reprobado porque propició campañas de desinformación y linchamiento a sus opositores a través de los “periódicos chicha”, promovió –en alianza con su compinche Vladimiro Montesinos– la compra de la línea editorial de medios de comunicación durante su régimen; y quiso amedrentar a la prensa independiente que cuestionaba su accionar (una muestra de ello es el secuestro de Gustavo Gorriti la madrugada posterior al autogolpe de 1992 y la intervención de las redacciones de La República, El Comercio y Caretas en esas mismas fechas).
No. Alberto Fujimori y cualquier candidato que reivindique su forma de hacer política deberían ser rechazados porque simbolizan la antítesis de lo que tendría que hacer un gobernante: defender la dignidad y derechos de las personas, y respetar el sistema democrático como la mejor forma de conseguir el bienestar de una nación.
Aunque Alberto Fujimori esté ahora preso, en estas elecciones corremos el riesgo de que el país caiga en manos de sus herederos. Y lo digo no solo porque Keiko Fujimori es –ciertamente– hija mayor del interno, sino porque la candidata y la mayoría de sus acompañantes en Fuerza Popular no han hecho un claro deslinde con los delitos durante el gobierno de su líder fundador. Para mí, firmar en pleno debate televisivo un “compromiso de honor” a solo unos días de la primera vuelta no es una muestra de arrepentimiento sincero, sino una maniobra de última hora para conseguir votos. Y al hacer eso, demuestran por qué el fujimorismo, una vez más, debe ser rechazado en las urnas de votación.

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