La columna del editor

Solo en este país puede pasar una cosa así. Un congresista que movió mar, cielo y tierra para renunciar a su cargo, ahora hace todo lo contrario: mueve mar, cielo y tierra para que lo reelijan. Ese parlamentario se llama Marco Falconí Picardo. Él, esta vez, postula al Parlamento por el partido del impresentable César Acuña; antes lo hizo de la mano de Alejandro Toledo.
En el 2014 presentó su renuncia al Congreso porque quería postular a la presidencia del Gobierno Regional de Arequipa, donde, a diferencia del Legislativo, hay dinero que manipular. Como era obvio -la Constitución dice que el cargo es irrenunciable-, le dijeron que no. Entonces, hizo un verdadero escándalo mediático. Se presentó en todos los medios de comunicación, cosa que casi nunca hacía, ni siquiera para informar sobre su labor legislativa, representativa y fiscalizadora; se presentó en todos los medios, decía, para denunciar lo que para él era un abuso contra su derecho de ser elegido.

 

“…ahora Marco Falconí pide la confianza de los arequipeños, les pide su voto para llegar al lugar del que antes quiso salir con tanta desesperación.”

 

Bueno pues, ahora Marco Falconí pide la confianza de los arequipeños, les pide su voto para llegar al lugar del que antes quiso salir con tanta desesperación. Y seguramente habrá gente que votará por él, como hay seres humanos que vuelven con la pareja que les fue infiel. ¿Quiénes y cuántos serán estos masoquistas? Me gustaría entrevistar solo a uno de ellos. ¿Cuáles serán sus razones para votar por un político tan camaleónico como Marco Falconí?
El aún congresista ha dicho que quiso renunciar al Congreso porque la militancia de su movimiento político y la ciudadanía le pidió postular a la Región, pues allí se vivía una crisis institucional: había mucha ineficiencia, ineficacia y corrupción, y él era el salvador, el elegido. ¡Eso dijo! Incluso preguntó y se respondió: “¿Hay algún congresista en el Perú que renuncie a un poder ganado para sacrificarse por su región? Ninguno, excepto Marco Falconí”. O sea que ahora hay que darle las gracias por su sacrificio.
Sorprende que en un spot publicitario Falconí pida la confianza de los arequipeños, precisamente esa que él traicionó cuando presentó su renuncia al Congreso. ¿Quién nos garantiza que, si es elegido, no lo vuelva a hacer? ¿Qué pasa si la voz del pueblo le dice nuevamente que tiene que “salvar” el gobierno regional o un municipio? Pues traicionará otra vez a quienes votaron por él.
Solo por esta razón (podríamos mencionar muchísimas más), alguien como Falconí no merece seguir en el Congreso, menos aún reelegirse.

Yura

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