El fujimorismo tendrá 71 congresistas de 130. En un eventual gobierno de Keiko Fujimori solo les bastará levantar la mano a los parlamentarios naranja para aprobar las reformas del Ejecutivo. Al contar con mayoría en el Congreso, Fuerza Popular no requerirá hacer alianzas con otras agrupaciones políticas para sacar adelante sus proyectos de ley. ¿Para qué llegar a consensos y negociar si con un voto disciplinado el fujimorismo puede hacer y deshacer a su gusto? Porque no es poca cosa contar con mayoría absoluta parlamentaria: de ganar la segunda vuelta Keiko tendrá a la mano una bancada que bloquee censuras a su gabinete, apruebe presupuestos y asigne a su gusto a funcionarios de alto nivel como el contralor general de la República y los integrantes del directorio del Banco Central de Reserva.
Esta situación nos plantea un escenario preocupante: dos de los tres poderes del Estado estarán dirigidos por un mismo partido. La alarma es mayor si se tiene como antecedente que Alberto Fujimori, luego de arrasar en las urnas en las elecciones de 1995, gobernó a punta de decretos legislativos avalados por una bancada que le decía sí a todo. Y ojo que en el 2000, cuando no pudo mantener esa mayoría, Fujimori empezó a comprar congresistas como revela el primer vladivideo, en donde Alberto Kouri acepta convertirse en un tránsfuga por unos fajos de billetes.

 

“Con PPK a cargo del Ejecutivo, el fujimorismo sí estaría obligado a negociar”

Ante estas sospechas, lo más saludable es votar en la segunda vuelta por el candidato presidencial Pedro Pablo Kuczynski (PPK). De esta manera habría un balance de poderes en nuestra, todavía, endeble democracia. Con PPK a cargo del Ejecutivo, el fujimorismo sí estaría obligado a negociar, pese a ser la principal fuerza política en el país.
Aunque un eventual mandato presidencial de PPK tendrá muchas trabas en el Congreso, es mejor un gobierno con una férrea oposición a tener una presidenta con la chance de mandar sin ningún freno. Pese al compromiso que firmó la candidata Fujimori al finalizar el debate presidencial, hay ciertos riesgos que no debemos correr, conociendo el pasado autoritario del fujimorismo.
PPK ahora es nuestro mal menor. Su gran reto, más que confrontar la propuesta programática del fujimorismo, es tender alianzas para mostrarse como una opción democrática y de firme oposición a la corrupción. Debido a su abierto apoyo a Keiko en la segunda vuelta de 2011, PPK tendrá graves dificultades para convencer al electorado en ese aspecto (¿Recuerdan el día que la multitud fujimorista lo convirtió en PPKeiko?). Alfredo Barnechea y Verónika Mendoza podrían ser esos aliados. ¿Pero estarán dispuestos a cumplir ese papel o preferirán “no mancharse” y guardar su caudal electoral para los siguientes comicios? Quién sabe, tal vez si dejan solo a PPK en esta elección nos exponemos a que Keiko y el fujimorismo se entornillen al poder como ya lo hicieron en la década de los 90.

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