POLOBAYA. No creía en la Virgen de Chapi. Cada año cientos de fieles peregrinan más de 7 kilómetros en señal de fe: algunos cumplen sus promesas por algún milagro conseguido por la Virgen; otros, como yo, buscando uno. Por primera vez decidí ir con la excusa del trabajo. Lo que me movió a caminar desde Siete Toldos es el deseo de pedir protección y aliviar del dolor a mi familia.

Varios creyentes lloraron recordando los milagros cumplidos por la Virgencita.

Varios creyentes lloraron recordando los milagros cumplidos por la Virgencita.

Mi trayecto inició a las cuatro y media de la tarde, el 30 de abril. En Siete Toldos la gente compra bastones, linternas, algunas golosinas y se unen a la fila que parece no tener inicio ni final. Algunos van solos; otros, en grupo, haciendo sonar, en sus pequeños reproductores de música, cumbias y chichas. Todos, niños y adultos, agilizan su paso. Todos quieren verla.

Luego de algunos o más minutos de silencio, las palabras indescifrables de Sebastián rompen la quietud. Tiene un año y medio. Él y su familia, los Huamaní Casa, avanzan hacia Chapi. El patriarca, Gerardo Huamaní, tiene la mano derecha enyesada por un accidente laboral, pero eso no es impedimento. “Es la primera vez que venimos. vamos a pedir por la salud y el trabajo, que nunca nos falte”, dice.

Durante la procesión, la Virgen de Chapi derramó bendiciones para los cientos de creyentes.

Durante la procesión, la Virgen de Chapi derramó bendiciones para los cientos de creyentes.

 

A más de dos horas de camino, en el sector de Tres Cruces, recién se hace sentir la noche, con un aliento frío que traspasa la piel como daga.
El lugar se caracteriza por la cantidad de piedra laja, que forma una especie de cerro pequeño, coronado por tres cruces de madera, una de ellas casi caída. Pero, en esta oportunidad, un policía vigilaba que ningún peregrino suba la traicionera cuesta.
Cerca a la una de la tarde, un peregrino subió para tocar las cruces, causando que varias piedras se deslizaran.
Muchos se detienen en este punto para levantar pequeñas apachetas, donde prenden velitas y piden deseos. Isabel Orihuela cuida que el viento no apague las suyas. Ella es de Lima y hace cinco años acude a visitar a la Virgen de Chapi en su santuario de Polobaya. “Ella hace que mi negocio siga prosperando. Por eso vengo con mi familia”, me cuenta.
Falta treinta minutos para la medianoche. Luego de subir y bajar cerros empinados, por fin se ve la vía asfaltada que conduce al santuario. El suplicio termina. Y como dice un cántico: “A tus pies, Señora, cansado llegué, cercado de angustias y de penas mil. Solo en tu mirada hallo dulce paz…”.

El pequeño Sebastián no se amilanó junto a su madre.

El pequeño Sebastián no se amilanó junto a su madre.

La Virgen de Chapi, vestida con su manto rojo, está en el altar mayor, justo frente a las obras de ampliación de su santuario que ejecuta el Gobierno Regional de Arequipa.
Algunos se abandonan en sus lágrimas al verla para agradecer por los milagros concedidos. Margarita Herrera, de 44 años, viajó más de tres horas desde Ica. Su hija Guadalupe, de 4 años, es la gracia otorgada. “El doctor me dijo que no podía tener hijos. Una vecina me dio una estampita de la Mamita, y le rogué para que me diera esa dicha. ¡Me dio el milagro de la vida!”, dice sollozando.
Aurora Asto visita a la Virgen hace más de 20 años. Hace 9 años recurrió a ella para pedir por su nieto Alberth, quien nació con el conducto lagrimal cerrado. “Acerqué a mi nieto, con tres meses de nacido, al manto y a la semana el doctor dijo que no se le tenía que operar”, cuenta mientras mira una pequeña imagen de la Mamita de Chapi. El Arzobispado de Arequipa estimó que más de 200 mil fieles acudieron al santuario.
Viajé hasta allí sin creer en la Virgen de Chapi. No le hice ninguna promesa, ni recibí ningún milagro. Pero seguro el próximo año regresaré hasta ella. Esta vez, quizás, para pedirle un milagro.

Texto: Nancy Cutimbo Castillo /Fotos: Ronald Mamani
ncutimbo@redaccionmultimedia

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