PAUCARPATA. La vida de Lidia Nieves Chullunquía ha sido marcada por la desgracia desde muy pequeña. Sus seres queridos la abandonaron: primero la dejó su madre, quien falleció cuando ella tenía 5 años. Lidia no se acuerda mucho de esos años, pero siempre visita su tumba en el cementerio de Paucarpata. Le lleva flores todos los años, religiosamente. Lidia es hija única pero tiene dos hermanas mayores por parte de su madre y otros dos varones por parte de su padre.
Las tragedias continuaron: su penúltima hija, Verónica, se enamoró de su tío. Pero su familia se opuso a la incestuosa relación.
El 13 de marzo de 2013 la joven se suicidó tomando veneno por ese amor prohibido. “Era su tío, es pecado, no podía permitirlo”, dice Lidia mientras mira el crucifijo de la tumba de su hija.
Como si el destino se hubiera ensañado con Lidia, dos años después murió uno de sus nietos, quien está enterrado en el cementerio de Characato. Tiempo después falleció su nuera. “¡Ay señorita!, no podré visitarlos a todos en un solo día”, musita. A Lidia la encontramos ayer a las diez de la mañana en el cementerio de Paucarpata. Rezaba frente la tumba de su mamá que adornó con flores. Estaba sola, soportando a penas su dolor.
Lidia Chullunquía dice que ya no le queda nadie con quien festejar el Día de la Madre. Sus hijos están en otras ciudades. Ayer Lidia solo pudo visitar a quienes no volverá a ver jamás.

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Niños acuden a dejar flores a su tía. Las historias de amor son muchas.

Niños acuden a dejar flores a su tía. Las historias de amor son muchas.

MADRES POR PRIMERA VEZ
Así como algunas vidas se extinguen, hay nuevas vidas que nacen. En el Área de Neonatología del Hospital Honorio Delgado Espinoza hay mujeres que ingresan con dolores de parto, otras están en plena tarea de alumbrar y hay quienes descansan con una nueva vida a su lado. Cuando sentía que su hijo se movía en su interior, sentía que estaba viva y no tenía por qué llorar. Ángela Anchapuri Jove conoció, luego de ocho meses y dos semanas, al ser que se acunaba en su interior. El milagro ocurrió ayer a la una de la madrugada.
Amir, que significa “bondadoso”, nació para darle fuerza. “Voy a luchar por la felicidad de mi hijo”, dice mientras intenta darle de lactar al pequeño de tres kilos y 200 gramos. La nobel madre de 18 años está preocupada. Amir no se anima a alimentarse. Cuando se le pregunta qué siente, las palabras no son suficientes para explicar su felicidad. Incluso afrontar la maternidad sola no hace que se doblegue su voluntad de ver feliz a su hijo.
En otro ambiente de Neonatología, Roxana Uscapica empaca las ropas de Anderson. Dio a luz el 26 de abril pasado y a los tres días regresó a su casa con su hijo en brazos. “Me siento muy feliz que no sé cómo explicarlo, incluso soportaré el dolor por mi hijo, él es mi razón”, afirma.
Hace cuatro días Roxana ingresó de emergencia al nosocomio luego de hacer fiebre. Presentaba un cuadro de infección porque en su interior quedó restos del endometrio luego del parto. “Me limpiaron tres veces, fue muy doloro”, dice.
Según la data de Neonatología, al día nacen cerca de 10 niños. Son vidas que alegran el mundo de sus madres.

Ángela recibió el Día de la Madre con su hijo en brazos.

Ángela recibió el Día de la Madre con su hijo en brazos.

 

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MAMÁ EN EL CORAZÓN
Aunque ha pasado 32 años, Silva Lazo sigue visitando infaltablemente a su abuela Luisa Flores. Ahora tiene un motivo más. En enero falleció su madre Consuelo Valderrama. Ambas yacen en el Cementerio General de La Apacheta, a escasos metros de distancia una de la otra.
“Mi mamá se fue a los 86 años. Ella siempre me pedía que viniéramos a ver a su mamá Luisa. En su homenaje, ahora lo hacemos no solo el Día de la Madre, sino todos los domingos. Envidio a quienes tienen todavía a su mamita viva”, admite.
Metros más allá, José Fuentes se cuelga de una rejilla para alcanzar a colocar un ramo de rosas rojas y orquídeas rosadas en el nicho de su madre. Lleva 30 años haciéndolo.
“Eran las favoritas de mamá. A pesar del trabajo que a veces es fuera de Arequipa, todos los años vengo a verla. No importa los años, siempre la llevo conmigo en el corazón”, dice. Más allá, una familia solloza por su madre, cuyo recuerdo será ahora inmortal.

Texto: Mónica Cuti/Nancy Cutimbo
redacción@editoramultimedios.pe

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