En 1985 este colombiano perdió a su familia en una erupción y comenzó a recorrer decenas de países en bicicleta.
¿Viajar por el mundo es la forma de reencontrar tu hogar?

 

Dentro de su vehículo de dos ruedas este sobreviviente de 52 años lleva todos los implementos de su casa: ropa, televisor, cables, cocina, etc.

Dentro de su vehículo de dos ruedas este sobreviviente de 52 años lleva todos los implementos de su casa: ropa, televisor, cables, cocina, etc.

CERCADO. En la bicicleta con la que recorre Latinoamérica, Rubén Darío Rúa guarda un recuerdo de la tragedia que lo convirtió en un nómade hace más de treinta años. Se trata de una grabación en DVD sobre la erupción del volcán Nevado del Ruiz que sepultó a la población colombiana de Armero la noche del 13 de noviembre de 1985. En esa tragedia murieron más de 20 mil personas, entre ellas los padres, hermanos y abuelos de Rubén Darío. El lodo, mezclado con cenizas y rocas, sepultó barrios enteros e hizo colapsar carreteras, puentes y edificios que aplastaron a niños, adultos y ancianos. Las escenas del desastre brotan de la pantalla del reproductor portátil que el sobreviviente guarda en un envase de plástico, al interior de su vehículo.

Mientras adelanta el video documental, Rubén Darío – 52 años, gorra café, bigote y barba en forma de candado y zapatillas gastadas– recuerda que él se salvó esa noche porque fue evacuado al cementerio del pueblo, el cual, milagrosamente, resistió la avalancha. “Al otro día, cuando regresé a mi casa, no encontré a nadie vivo”, dice. De los escombros de su casa sólo pudo recuperar la bicicleta de fierro de su abuelo materno. Sobre este armatoste con dos ruedas, marca Rally, montó su casa y se echó a andar en busca de un hogar. Primero, llegó a Bogotá, la capital de su país, en donde vivió un tiempo debajo de un puente. Pero el joven huérfano no se acostumbró a la soledad de la urbe y emprendió de nuevo un viaje que hasta ahora no termina.

*****

En más de tres décadas como vagabundo, Rubén Darío Rúa, el andariego del mundo– como se ha autodenominado– ha recorrido miles de kilómetros a lo largo del continente. En la parte posterior de su bicicleta tiene incrustadas banderas de los países que ha visitado: Venezuela, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil. También dice que ha pasado por México, Honduras, Costa Rica, Guatemala y El Salvador. A Perú entró de nuevo hace un par de meses y a la ciudad de Arequipa, luego de pasar por Cusco y Puno, llegó a fines de abril.

En su bicicleta guarda recuerdos sobre su viaje.

En su bicicleta guarda recuerdos sobre su viaje.

Durante estos días de paseo, se ha puesto a lustrar zapatos en las calles del centro para ganarse unos soles y pagar su comida. A veces se instala en la avenida Goyeneche, otros días está en la calle Mercaderes. Esta mañana está trabajando en el paradero de buses, al final de la calle La Merced, al lado del Instituto del Sur. Cuando atiende a un cliente, Rubén Darío deja su bicicleta en una esquina sin temor a que se la roben. Con tantas cosas adentro, su casa rodante pesa por lo menos 250 kilos. Tiene radio, televisor, parlantes estufas, lámpara y una batería de carro para hacer funcionar sus aparatos eléctricos. También carga cables, llantas de repuesto, tanques con agua, tetera, espátulas de metal, una cocina y hasta un hacha para cortar madera.

A lo largo de su travesía, el andariego se ha puesto a escribir sus memorias con las que espera hacerse rico algún día. En esas páginas escritas con plumón negro describe sus penurias como viajero: “Andar no es para cualquiera porque he pasado hambre, he pasado trasnocho, he pasado lluvias. A veces no encuentro agua, no encuentro casa. Paso por desiertos de más de 200 km día y noche”.

*****

Pero para un hombre que ha sobrevivido una catástrofe natural, la falta de comida y abrigo no son una preocupación. Al final, siempre hay alguien que se solidariza con él y le regala lo que necesite. Por ejemplo, durante su estancia en Arequipa acampa en una playa de estacionamiento de la calle Álvarez Thomas. En cambio, para este viajero que busca su hogar en todas partes, la principal angustia es no poder cruzar las fronteras por falta de documentación. “Es difícil entrar a los países porque no cargo pasaporte, a veces pago cárcel por entrar sin permiso”, cuenta en un fragmento de sus memorias.
Hace 14 años encarcelaron a Rubén Darío en los Estados Unidos por ingresar ilegalmente. Solo pudo recorrer cuatro pueblos del sur (no recuerda cuáles) en su bicicleta antes de que lo deportaran a México. Ahora quiere volver a meterse a la potencia del Norte. Por eso solo se quedará unas semanas más en Arequipa y de ahí partirá hacia Lima. Después pedaleará hasta el Ecuador y luego planea cruzar el canal de Panamá en un bote. Cuando pise tierra retomará su camino sin miedo a lo que pueda pasarle. El andariego dice que seguirá viajando hasta que muera porque en casa ya no hay nadie esperándolo.

Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

Edición digita

Yoga
Anuncia aqui
Via Whatsaap