En su stand, Héctor Coaguila expende libros de variadas materias.

En su stand, Héctor Coaguila expende libros de variadas materias.

CERCADO. Los libros viejos que Héctor Coaguila ha ido acumulando en un pasadizo de la calle Deán Valdivia son la primera opción de cualquier universitario con escaso presupuesto. Cuando un estudiante no puede darse el lujo de dejar de pagar sus cuentas mensuales para saciar su sed de conocimiento, los variados volúmenes de segunda mano que Coaguila ofrece son una tabla de salvación antes de un examen difícil o la entrega de un trabajo final.
Entre las rumas de libros que este vendedor exhibe al ingreso del Centro Comercial Divina Misericordia (Deán Valdivia 107) se puede encontrar gruesos tratados de ingeniería, geometría y contabilidad, así como ediciones pasadas (pero aún confiables) de manuales de electricidad y reparaciones mecánicas. También tiene espacio en sus estantes para los más recientes textos de derecho y administración. Abundan las copias piratas; aunque si el cliente tiene paciencia, puede descubrir uno que otro volumen original que fue revendido por su anterior dueño.

En las piñaterías se ofrece adornos para fiestas temáticas. El público infantil es muy exigente con la decoración.

En las piñaterías se ofrece adornos para fiestas temáticas. El público infantil es muy exigente con la decoración.

Ahora Coaguila atiende a una estudiante de medicina que busca una enciclopedia de anatomía descriptiva. Un ejemplar nuevo de esa materia puede costar, mínimo, S/ 500 en una librería, pero él ofrece conseguirle, en máximo una semana, una copia a solo S/ 150. “Esos de medicina siempre son los más caros, pero acá puedes encontrar buenos libros para estudiar desde diez soles”, cuenta el vendedor luego de que la futura doctora se va al stand de su vecino.
No toma a mal la partida de su cliente, en estos veinte años trabajando en la galería ha comprobado que un librero no debe ser celoso. “Si yo no tengo lo que necesita, otro colega sí”, dice. En estas dos décadas vendiendo libros, Coaguila ha constatado otra verdad: la mayoría de jóvenes solo leen por obligación.

FIESTAS AL POR MAYOR
El trabajo de doña Julia es aliviarle un dolor de cabeza a quienes están organizando una fiesta de cumpleaños. Desde hace una década, esta mujer de voz calmada y paciencia de profesora de kínder, administra la “Piñatería Liz” en donde ofrece -al igual que las decenas de tiendas que funcionan en la segunda cuadra de Deán Valdivia- adornos para mesas, serpentinas, bandejas, globos y otras chucherías que combinan con cualquier fantasía infantil.
“Hoy están de moda las fiestas temáticas y los papás quieren que hasta las servilletas sean de los dibujitos que sus niños miran en la TV”, explica Julia en la entrada de su colorido local.
Los personajes de Frozen y Star Wars son los más pedidos en estos últimos años, por lo que, incluso, se importa piñatas prefabricadas que se venden por docenas. Para los clientes más exigentes, Julia, por S/ 500, también decora toda una mesa de cumpleaños –con cupcakes, gelatinas, torta, cajitas de regalos, etc.–, según los designios del engreído del hogar. Incluso, en 24 horas, promete armar una piñata de Gokú, Mickey Mouse o Batman de más de un metro de altura (con golosinas incluidas).
Pero en esta piñatería no solo se vende adornos para celebraciones de niños. Julia cuenta que desde hace cinco años aumentaron los pedidos de decoración para baby showers y quinceañeros. Los adultos también vienen a su tienda para buscar sombreros graciosos y máscaras de personajes de la farándula para ‘la hora loca’. Así, en la puerta de ingreso de la tienda se exhibe una careta de jebe del cómico de televisión “Mayimbú”. Julia también dice que ha crecido la demanda de indumentarias para despedidas de solteras. “Pero esos adornos sí los tengo bien escondidos y no te los puedo mostrar”, cuenta riéndose.

Hay trofeos hasta para concursos de belleza de perros amaestrados.

Hay trofeos hasta para concursos de belleza de perros amaestrados.

GALARDONES
Cada semana los escaparates de la tienda Deportesebal se despide de al menos quince trofeos en exhibición que irán a parar a las manos de algún campeón de algún torneo en algún distrito de la región. Aunque nuestras panzas abultadas digan que los arequipeños cada vez estamos en peor condición física, la señora Rosario, vendedora de la tienda ubicada en Deán Valdivia, está segura de que en Arequipa hoy se práctica más deporte que nunca.
Diariamente, Rosario recibe a clientes que buscan copas y medallas para entregarlas en una clausura de fin de semana. No siempre se buscan galardones para certámenes de alta competencia: a veces son solo campeonatos de confraternidad entre empresas, olimpiadas cachimbo o ligas de colegios profesionales.
“A la gente le encanta jugar y corretear detrás de la pelota. Pero, claro, quizás siguen gorditos porque después del fulbito siempre viene el full vaso”, bromea detrás del escaparate.
Además de los premios con balones de fútbol incrustados, en esta tienda se puede encontrar copas de resina con adornos referidos al atletismo, tenis, vóley o automovilismo. También hay premios para peleas de gallo y toros, así como certámenes de belleza canina. Los cálices más humildes se vende a S/ 45, pero si el torneo tiene un padrino adinerado, se puede gastar hasta S/ 450 en una dorada copa de metal.
Rosario también cuenta que ahora hay mucha demanda por parte de las empresas por platos recordatorios y trofeos (de resina) “en reconocimiento al mérito…” y “el esfuerzo demostrado…”. La tienda hace grabados al instante, aunque hay clientes que se los llevan sin nada escrito. En tiempos en que se exige que toda acción humana sea recompensada, siempre es bueno tener un trofeo a la mano.

Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

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