Antezana viste un traje de oso polar para sus campañas.

Antezana viste un traje de oso polar para sus campañas.

Entrar disfrazado de oso polar a la redacción de un periódico -en plena hora de cierre- no es lo más osado que ha hecho Juan Carlos Antezana para proteger al medio ambiente de la contaminación. Este activista boliviano -que hace veintitrés años viaja por Sudamérica para rescatar animales en peligro- se ha enfrentado a traficantes de fauna silvestre en la frontera de Perú con Ecuador, ha subido a atestadas combis limeñas para dar discursos ecologistas vestido como un leopardo nublado, se ha encadenado a árboles para que no los talen y ha vencido su fobia a las serpientes para agarrar a una anaconda que se había escapado de un zoológico en la selva boliviana.

Ahora Antezana, que se hace llamar “El Oso Latente” (porque su corazón late por los animales), recorre las regiones del sur de Perú para motivar a los niños y adolescentes a que protejan los bosques y tomen conciencia del calentamiento global. “La calle y los buses son buenas escuelas para que aprendamos que todos estamos llamados a proteger la vida, el agua y el aire”, cuenta sosteniendo la cabeza de su disfraz.
Uno de los objetivos de Antezana es recaudar fondos para construir albergues para los animales que ha rescatado en el continente (alrededor de 7.300, según sus cálculos). Por eso, luego de su paso por Arequipa, se irá a Tacna y después a Chile para seguir con su campaña. Sin embargo, antes de despedirse, promete que volverá a la ciudad para rescatar a un cóndor en cautiverio que encontró en Paucarpata.

El suboficial PNP Fernando Cano ha contribuido a sembrar un área verde en Congata. Los árboles hoy se hidratan con riego tecnificado.

El suboficial PNP Fernando Cano ha contribuido a sembrar un área verde en Congata. Los árboles hoy se hidratan con riego tecnificado.

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PULMÓN VERDE
En medio de una árida cantera del pueblo de Congata (distrito de Uchumayo), el suboficial de la Policía Nacional del Perú Fernando Cano ha sembrado casi 500 árboles, que en un par de años se convertirán en un pulmón ecológico para los cientos de familias que viven en esta zona expuesta a la contaminación. Congata se encuentra a pocos kilómetros de distancia de una mina de cobre y una fábrica de concretos que llenan de polvo los alrededores.
Pero el suboficial Cano, encargado de la oficina de Participación y Seguridad Ciudadana de la comisaría de Congata, no solo ha llenado de molles y eucaliptos un área de más de 4 mil m2 para mitigar la polución en el aire, sino para prevenir que la delincuencia aumente en el pueblo. “Cada uno de estos árboles ha sido sembrado y adoptado por un colegial, los cuales deben hacerse responsables de este bosque. Así los jóvenes aprenden a cuidar su entorno y se alejan del pandillaje y las drogas”, explica Cano.
Con esta reserva de árboles también se ha prevenido otro problema de seguridad. Este lote, ubicado en el sector de El Trébol, estaba en riesgo de ser invadido. Este era un terreno reservado por el Estado ya que estaba a solo unos metros de una fábrica de explosivos. Para evitar un conflicto con traficantes de lotes, en 2012 Cano elaboró este proyecto con el apoyo del municipio de Uchumayo y la empresa Orica. Hoy este bosque ya empezó a dar sus primeros arbustos y en dos años espera que se convierta en un parque para resguardar a las especies animales que rescata la Policía Ecológica.

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TESOROS EN LA BASURA
Los bellos aretes de plata y cuarzo que Dorotea Chalco luce esta mañana los encontró en la basura. También el smartphone con el que se comunica con su familia. En treinta años como recicladora, Dorotea ha comprobado que los desechos de unos pueden ser la fortuna de otros, o al menos, una forma honrada de ganarse la vida. “Algunas veces he hallado dinero entre los residuos: billetes de S/ 10, S/ 50 y hasta -una vez- de 100 dólares”, explica Chalco, quien preside la asociación de recicladores formalizados Nuevo Mundo.
Chalco comenzó a laborar en el botadero de El Cebollar (Paucarpata) pero en el 2011 se sumó a los programas de segregación en la fuente que promueve la comuna provincial de Arequipa. Aunque ahora gana menos dinero que cuando era informal, se siente más tranquila porque ya no tiene que ir hasta el relleno sanitario para obtener el material para reciclar. Cada semana, junto a las otras socias de Nuevo Mundo, recoge los residuos segregados de las urbanizaciones del Cercado. Recupera botellas, papeles y vidrios que serán reutilizados. En un día, según la MPA, los recicladores recuperan 1,5 toneladas de material reciclado en el distrito capital. Si no fuera por Dorotea y sus colegas, esa basura iría a parar al relleno sanitario, lo que incrementaría los gases de efecto invernadero que sobrecalientan la atmósfera. Pese a ello, todavía hay vecinos que tratan con indiferencia a Dorotea. “Me miran con desconfianza, como si mi trabajo no tuviera ningún valor”.

Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

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