El calentamiento es parte esencial de las sesiones de enseñanza.

El calentamiento es parte esencial de las sesiones de enseñanza.

CERCADO. Lo que sucede en las historietas no siempre es fantasía. Al igual que Daredevil, el superhéroe invidente de los cómics de Marvel, Hernán Sánchez, un músico que perdió totalmente la vista de niño, ha aprendido a asestar golpes y aplicar llaves de judo con agilidad.
En la historieta, Matt Murdock, el hombre detrás de la máscara de Daredevil, se quedó ciego luego de que un camión le derramara en el rostro sustancias radioactivas. El accidente acrecentó los otros sentidos de Murdock, quien después de un riguroso entrenamiento en artes marciales, se convirtió en un luchador formidable que combate la criminalidad en Nueva York. El dominio de su cuerpo transformó a Murdock en “El hombre sin miedo”.
Hernán vivió un drama similar a Murdock aunque no se convirtió en un vigilante nocturno que hace justicia con sus propias manos. Él prefirió dedicarse a tocar la guitarra y cantar. Sin embargo, el aprendizaje del judo, un deporte de contacto japonés, le ha ayudado a superar su discapacidad.
A los 10 años, en su natal Iquitos, una serpiente le picó en la cabeza a Hernán y el veneno mató su nervio óptico. Así, su vida quedó sumida en un mundo de sombras. Unos años luego de la tragedia llegó a Arequipa para internarse en el Centro de Educación Básica Especial (CEBE) Nuestra Señora del Pilar. Ahí se empezó a educar y conoció en 2010 al profesor Oswaldo Quispe, quien empezó a darles clases de judo a los alumnos de los últimos años del CEBE.

Hernán Sánchez le aplica una técnica de barrido a Juan Carlos Vargas.

Hernán Sánchez le aplica una técnica de barrido a Juan Carlos Vargas.

“A mí siempre me gustó el deporte pero teníamos limitaciones para practicarlo. El karate y el tae kwon do requieren de golpes directos y nosotros estamos en desventaja porque no podemos ver. En cambio, el judo se basa más en la intuición y en aprovechar la fuerza del rival para vencerlo a partir de llaves”, cuenta ahora Hernán vestido con una blanca bata durante su entrenamiento en un gimnasio del complejo deportivo de Villa Eléctrica, donde hace dos meses entrenan doce personas con discapacidad visual. Ellos pertenecen a la Asociación de Judo y Deportes Alternativos que busca participar en los Juegos Parapanamericanos de Lima 2019 y los Paraolímpicos de Tokio 2020.

Juan Carlos empezó a practicar judo en el CEBE Nuestra Señora del Pilar.

Juan Carlos empezó a practicar judo en el CEBE Nuestra Señora del Pilar.

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GOLPES PRECISOS

Cuando estaban en el CEBE el sensei Oswaldo les explicó a sus estudiantes invidentes que no tenían que tener miedo a entrenar este arte marcial y que no deberían sentirse subestimados. Su limitación visual podía ser utilizada como una ventaja durante los enfrentamientos. “La vista puede llegar a ser una distracción. En cambio, como ellos no pueden ver, se concentran mucho más y van a la segura a atacar a su rival”, explica el maestro mientras dos de sus alumnos realizan un combate de práctica.
En la pista de entrenamiento, Hernán sostiene de las solapas de su túnica al fornido Juan Carlos Vargas, quien tiene su visión limitada debido a la retinopatía que sufrió en la incubadora. La exacerbación de los sentidos de los que habló hace unos instantes el sensei no es un invento, ya que en estos momentos Hernán se vale de su oído hipersensible para identificar el cansancio en su rival y le asesta una barrida con la pierna derecha que le hace perder el equilibrio. Juan Carlos, pese a que está exhausto, aplica una de las técnicas de caída aprendidas en clase para protegerse del impacto y así no quedar indefenso.
El combate entre estos deportistas que solo perciben tinieblas a su alrededor, continúa sobre el suelo forrado de colchonetas. Hernán le hace una llave en el cuello a Juan Carlos, pero él se zafa y lo voltea de espalda. Cuando parece que la victoria será suya, Hernán libera sus piernas y hace un salto felino para someter a Juan Carlos. Luego de unos segundos su contrincante se rinde y Hernán se levanta como vencedor del combate de entrenamiento. Gracias a su dominio del judo, Hernán, un músico invidente que pesa menos de 60 kg, ha derrotado a un joven de más de 80 kilos que tiene un mayor campo de visión que él. El judo también le ha dado otro beneficio a Hernán: ahora, a causa del dominio de sus otros sentidos, puede caminar por las calles de su barrio sin miedo a ser asaltado por algún abusivo.
La oscuridad, para ellos, es un rival al que no temen.

 

Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

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