“Cómo has cambiado, pelona” se le podría espetar también al presidente Ollanta Humala. Cinco años en el poder parece que lo han alejado de sus ideales políticos por fomentar un país más justo y con igualdad de oportunidades, como pregonaba cuando era candidato un lustro atrás. Su amnesia no solo está demostrada en su timorata gestión en el Ejecutivo, en la cual solo puso en marcha el piloto automático de un alicaído modelo económico y se olvidó de sus promesas a los peruanos más pobres que le dieron su voto con la esperanza de que su calidad de vida mejorara con Humala en el poder.
Pese a los avances en el sector educación y programas sociales como Beca 18, para poner solo un ejemplo, Perú sigue siendo uno de los países con mayor desigualdad educativa. Según el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Perú es el tercer país, de una lista de 64, donde la situación económica del alumno tiene más impacto en su rendimiento académico. Así, las chances de un adolescente pobre de tener buenas notas son siete veces menores que la de sus compañeros con mejores ingresos económicos. Si el estudiante viene de entorno familiar disfuncional o vive en una zona rural, sus oportunidades de superarse son menores.
Pese a su discurso que exalta la inclusión social, el gobierno de Humala ha fracasado en cerrar estas brechas. En el Congreso, donde el partido de Humala fue la principal fuerza política hasta 2015, también se olvidaron de promover leyes que protejan a las poblaciones vulnerables, esas a las que dijo defender su líder Humala. Por ejemplo, actualmente los crímenes de odio contra la comunidad LGTB no son penalizados en el país. Las víctimas de la violencia por orientación e identidad sexual no están protegidas debido a que la moción fue rechazada en el pleno en 2013 por 56 votos, entre ellos varios del Partido Nacionalista.
Humala también ha asumido un “estilo bellaco”, igual que La Pelona de los versos de Nicomedes Santa Cruz, en su trato con la prensa. Si cuando era candidato en las campañas de 2006 y 2011 era un político carismático que concedía entrevistas a cualquier reportero y hasta se aparecía puntual en la cabina de humildes estaciones radiales de provincia, ahora el Humala presidente se corre de las grabadoras y le cierra el paso a los reporteros que solo quieren recabar sus declaraciones como jefe de Estado.
Ayer, luego de la inauguración del Muelle F de Tisur en Matarani, Humala mostró nuevamente que el poder lo ha cambiado. Su equipo de seguridad le impidió el paso a la prensa que iba a acompañarlo durante su recorrido por la nueva infraestructura portuaria. Cual diva de Hollywood, puso un cordón de fortachones para que otras cámaras que no fueran las del canal del Estado no le hicieran preguntas incómodas. Cual pelotero que se retira del entrenamiento de su club, al retirarse del puerto, le tuvimos que tocar el vidrio de su camioneta y meterle el micro para que soltara unas palabras. Lanzó uno que otro anuncio que no llegará a cumplir y luego apretó el acelerador dejando atrás a “la chusma”.

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