CERRO COLORADO. Los niños y adolescentes que habitan los ambientes de Aldeas Infantiles SOS de Arequipa han aprendido que las familias no siempre se forman a partir de los vínculos de sangre. En este albergue, que acoge a 45 menores provenientes de entornos de violencia familiar y abandono, el apoyo y el cariño lo brindan madres y hermanos con los que no se comparte material genético.
Por ejemplo, Mílder Sarayasi (18) y Brian Bohórquez (17), quienes fueron acogidos cuando tenían 12 y 10 años, respectivamente, se criaron rodeados por casi 100 primos que habitaban las otras casas del albergue.
“Al inicio tenía miedo de sentirme solo porque, aparte de mi hermana, no conocía a nadie. Pero desde el primer día los otros chicos me abrieron sus brazos y me invitaron a jugar con ellos”, cuenta Brian.

Brian al lado de su perro Anchor. Su madre SOS es Rosa Arizábal.

Brian al lado de su perro Anchor. Su madre SOS es Rosa Arizábal.

Mílder, luego de perder a su padre por una enfermedad, también encontró en su nueva mamá Laura Aguilar el amor para sacar adelante a sus cuatro hermanos menores.
“Gracias a mi familia de la aldea pude sentirme segura para dedicarme a mis estudios y convertirme en un ejemplo para los más pequeños de la casa”, cuenta esta joven que proviene de la provincia de Caylloma.
Estos dos jóvenes superaron los obstáculos que les puso la vida y ahora se preparan para seguir, a partir de agosto, estudios superiores en Lima a través del financiamiento del programa Beca 18. Mílder estudiará Ingeniería Industrial en la Pontificia Universidad Católica del Perú y Brian seguirá la carrera de Eléctrica y Automatización Industrial en Tecsup. Ellos no son una excepción ya que desde 2013, once chicos de la sede arequipeña de Aldeas Infantiles SOS han sido beneficiados por Pronabec.
PLANES A FUTURO
El sueño de Milder es formar su propia empresa o convertirse en gerente de una firma importante. Sus dotes de lideresa ya los ha demostrado en su casa y colegio, en donde ha iniciado un pequeño negocio de venta de chocotejas. “Esta nueva etapa en la universidad me genera alegría y tristeza a la vez. Estaré más cerca de mis sueños pero tendré que alejarme de mi familia”, cuenta.
Por su parte, Brian quiere capacitarse en el extranjero y conocer a expertos de todo el mundo para convertirse en el mejor técnico de su rubro. Pero no solo se contentará con eso. También quiere ahorrar para estudiar ingeniería mecánica en alguna universidad. “En este albergue he aprendido que los límites me los pongo yo mismo y que si me lo propongo, voy a ser una persona de bien”, dice con determinación.

Texto: Jorge Malpartida Tabuchi
jmalpartida@editoramultimedios.pe

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