Tener 100 dólares en el bolsillo es como no traer nada de dinero encima. Es casi imposible comprar algo con un cheque de ese tamaño porque todos –bueno, casi todos– te dirán que no tienen cambio. Una gaseosa, un periódico, un plato de menú, un traslado en taxi o un paseo en combi: ninguno de estos productos o servicios básicos se puede pagar con un billete tan grande.
Lo mismo sería decirle a nuestro interlocutor que no tenemos nada de plata. Si andar solo con un billete de 100 soles en la billetera es la excusa perfecta del palomilla que no quiere hacer “chanchita” cuando se va de copas con los amigos, ir por la calle portando un billete con el rostro de Benjamín Franklin impreso es la mejor manera de hacernos los locos con la cuenta que debemos cancelar.
Además, pagar con 100 dólares genera desconfianza. Si hasta los cambistas miran una y otra vez el papelito gringo antes de cambiarlo en devaluados billetes peruanos. Aunque tiene un valor tres veces mayor que el papel moneda nacional de 100 soles (3,28 veces para ser precisos con el tipo de cambio actual), un billete de 100 dólares es el terror de las cajeras de banco novatas y el peor enemigo de los mozos apurados en restaurante turístico de alta rotación. Quizás por eso en las recepciones de los hoteles, módulos informativos de las agencias de viaje y las cajas de las picanterías famosas se cuelgan carteles bilingües en donde, con énfasis, se les advierte a los turistas: no se aceptan billetes de 100 dólares.
Por otro lado, un billete de 100 dólares es fuente de sospechas ya que puede ser un vehículo para promover actividades ilícitas como el narcotráfico, el terrorismo y la evasión de impuestos. Debido a que este dinero impreso tiene alto valor pero poco peso, es ideal para realizar pagos millonarios utilizando solo como vehículo un maletín de ejecutivo o un bolso ligero de viajero frecuente. Un pase de droga o la compra de armamento para un atentado tiene más posibilidades de éxito si sus participantes no se encuentran exhaustos por cargar pesados bultos con billetes. Según un cable de la agencia EFE, en donde se recogen los cálculos de expertos de la Agencia Estadounidense Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés), un millón de dólares organizados en fajos de billetes de 100 pesan apenas ocho kilos y son fáciles de acomodar en cualquier equipaje de mano. En cambio, “un millón de dólares en billetes de 20 dólares pesa 50 kilos y ocupa un espacio de dos metros cuadrados”, explicaba el especialista de la DEA.
Por esta razón, durante el primer trimestre de este año, Peter Sands, un académico de la Universidad de Harvard, dio a conocer un estudio llamado “Haciéndolo más difícil para los malos: El caso para eliminar los billetes de alta denominación” en el que propone sacar de circulación a los billetes de 100 dólares. “Al eliminar los grandes billetes complicaríamos la vida a los evasores de impuestos, al crimen financiero, la financiación terrorista y la corrupción”, precisa Sands en su investigación.
Las películas de Hollywood también nos han enseñado muy bien sobre la inutilidad de los billetes de 100 dólares: siempre que un secuestrador pide el pago de un rescate, exige a los agentes del FBI que le traigan las maletas de dinero en billetes de baja denominación: US$ 10, US$ 20 y US$ 50. Hasta en la ficción, los personajes saben que es inútil planear una huida o una celebración con una fortuna que no se puede gastar.

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