En lo que va del año se registró 5 feminicidios.

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CERCADO. “Porque te amo, no dejaré que seas infeliz con otro”, le musitó Carlos a Leysi antes de apuñalarla 24 veces por todo el cuerpo. Ellos habían terminado después de casi dos años de relación, pero Carlos creía que Leysi era de su propiedad y no la dejaría rehacer su vida.Era “su mujer”.
Se conocieron en el 2009, en el hipódromo de Arequipa. Él era jinete y ella espectadora. “No me gustó cuando lo vi, no me atraía”, confiesa Leysi. Pero entablaron una amistad por cuatro años mediante mensajes por Messenger, el desaparecido servidor de Internet, mientras él vivía en Chile.
La relación tormentosa inició en agosto del 2014. Leysi se encontraba emocionalmente débil, había perdido el trabajo con el que se mantenía. Vivía sola y siempre fue independiente. Carlos vino a Arequipa y comenzó a frecuentarla y a enamorarla. Le propuso estar juntos y ella aceptó.
“Todo era normal al inicio. Me dejaba salir con mis amigas al hipódromo, a las fiestas, me decía que no había problema”, cuenta Leysi. Pero poco a poco comenzó a celarla y sacarle en cara las salidas. “Un día no fue a su casa a dormir. Cuando hablé con él, me dijo que hacía lo mismo que yo, se estaba desquitando; no le hice caso”, recuerda.
A los seis meses comenzaron a convivir. Leysi ya estaba enamorada, y fue cuando las agresiones psicológicas se hicieron más fuertes y las físicas aparecieron. Ella ya no podía salir con sus amigas ni amigos, eran mala influencia o querían tener algo más, le decía Carlos. Y Leysi lo tomó como “celos bonitos”, como si con sus prohibiciones la estuviera protegiendo. Le hizo caso.
La pareja solo salía con los amigos de Carlos, porque para él eran los únicos que valían la pena; pero con el tiempo también alejó a Leysi de ellos. Él insinuaba que querían estar con ella. Los celos y el sentimiento de propiedad de Carlos comenzaron a hacerse más irracionales cuando en una fiesta quiso obligar a Leysi a bailar muy sugerentemente con él, frente a todos. Ella se sintió ofendida y se negó, pero lo hizo de todas formas.

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En casa las cosas eran similares. Él la humillaba frente a su madre y hermana, y en algunas ocasiones cuando venía su padre. “Me llegó a dar una cachetada cuando le reclamé por su trato. Cuando lo hizo, le dije a su papá y lo único que le hizo fue decirle que se tranquilice. Su mamá nos decía que no podía meterse en nuestra relación”, narró Leysi.
Cuando discutían, Carlos amenazaba con irse y sin darse cuenta Leysi ya estaba de rodillas pidiéndole que no se fuera. “No sé en qué momento tomó el control de mi vida, yo era de las chicas que podía dejar a alguien si no se sentía cómoda”, aclara mientras empieza a sollozar. Leysi no se acuerda cuántas veces rompieron; en algunos casos regresaban a las horas o pasado unos días, pero siempre era él quien pedía disculpas y ella la que perdonaba, creyendo que cambiaría. Claro, el arrepentimiento siempre le duraba unos días y luego comenzaba nuevamente todo.
El 23 de noviembre del 2015 Leysi ya no estaba con Carlos. Había terminado con él tras una relación tormentosa. Él la estuvo llamando toda la mañana y la tarde para encontrarse, pero ella lo evitaba, estaba cansada. Ya de noche ella estaba con una amiga en su casa, Carlos se apareció en la puerta y le pidió conversar. Horas antes, él le había mandado un mensaje de texto que estaba dirigido a un chico, como suponiendo que Leysi estaba con alguien: “Webón, ella es mi mujer”.
Cuando Leysi salió a conversar con Carlos, él le repetía que la amaba, pero su expresión demostraba lo contrario. La llevó a una pared oscura, cerca de su casa, y le dijo: “Porque te amo, no dejaré que seas infeliz con otro”. Y la apuñaló 24 veces, en la boca, brazos, pecho, piernas, abdomen y espalda, dañándole los pulmones y dejándola en coma un mes y medio.
Ahora, después de más 7 de meses de la agresión, Leysi se da cuenta de que Carlos no tenía un comportamiento normal dentro de una relación. El hombre al que amó con tanta pasión, se había convertido en su verdugo.
POTENCIALES AGRESORES
Ruth Gallegos, coordinadora del Centro de Emergencia Mujer de Miraflores, dice que hay indicios que pueden identificar a un posible agresor, ya que la mayoría cumple con un perfil. “Son bastantes intolerantes a la frustración, ellos siempre quieren hacer valer su opinión más que los demás; convierten en vulnerables a sus víctimas”, asegura.
En el caso de las mujeres, la descripción es contraria. Ya que la mujer que es víctima de abuso mayormente tiene una personalidad sumisa, tiene pocas habilidades sociales para dar su opinión, es pesimista y quizá en lo único que se parece al agresor es en la inestabilidad emocional. Aunque no se cumple en todos los casos, como en el de Leysi. Gallegos arguye que son tres factores lo que influyen mucho en la personalidad de una persona. Una es la formación de la familia, el trato de los padres hacia los hijos, la igualdad entre hijos mujeres y varones; la cultura, el medio en el que nos rodeamos; y la sociedad machista que, según Gallegos, prevalece en Arequipa. Lo peor que una mujer puede hacer es que su verdugo tome el control.

 

Texto: Mónica Cuti Yauli
mcuti@editoramultimedios.pe

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