PAUCARPATA. Pese a la soledad en sus corazones, los adultos mayores que habitan el albergue “El Buen Jesús” no pierden las ganas de vivir. De los 51 habitantes de este centro de atención residencial (CAR) de la Sociedad de Beneficencia Pública de Arequipa (SBPA), solo cinco reciben, con regularidad, visitas de sus familias. El resto supera el olvido y el abandono de sus seres queridos con ejercicios y actividades artísticas. Ayer los abuelitos hicieron gala de su vitalidad durante las celebraciones por el Día Nacional del Adulto Mayor en el CAR.
Durante la presentación de los números musicales, una de las más entusiastas fue Leopolda Domínguez (80), quien movió su cuerpo al ritmo de las cumbias de moda. “Pero que conste que yo bailo todos los estilos”, dice esta mujer que hace quince años habita en “El Buen Jesús”. Leopolda nació en Huaraz y luego del terremoto de 1970 que destruyó su pueblo, empezó a recorrer varias ciudades para laborar como trabajadora del hogar. Estuvo en Salamanca, Chincha, Ica, Camaná y Arequipa. En sus últimos trabajos, cuando ya se encontraba en la tercera edad, empezaron a maltratarla y explotarla. Sin familia ni amigos, terminó refugiándose en el albergue. Aquí recuperó su confianza en las otras personas e hizo nuevos amigos. Ahora, pese a sus deficiencias auditivas, ocupa sus días armando rompecabezas y cosiendo en su cuarto. “Pero lo que más me gusta es mover el esqueleto”, confiesa coqueta Leopolda en la pista de baile.

Leopolda fue una de las que más veces fue sacada a bailar.

Leopolda fue una de las que más veces fue sacada a bailar.

RECUPERACIÓN FÍSICA
Cuando Faustino Puma (82) llegó al asilo “El Buen Jesús” estaba postrado en una silla de ruedas. Tantas décadas trabajando como estibador en los mercados de la ciudad le pasaron factura y tenía las articulaciones de las rodillas destrozadas. No podía mover las piernas y por ello su espalda y posaderas estaban llenas de escoriaciones. Luego de casi dos años de tratamiento y rehabilitación física, ahora Faustino comienza su día pedaleando en la bicicleta estacionaria y forma parte del equipo de fútbol del CAR. “Con veinte minutos recargo la energía de mi cuerpo y me pongo a patear la pelota como chibolito”, cuenta durante el receso de las celebraciones.
Faustino todavía recuerda sus años mozos cuando los comerciantes se peleaban por contratar sus servicios. “Aunque pesaba solo 60 kilos, podía cargar de un solo tirón 180 kilos. Mi espalda era recia y mis músculos firmes. Por eso era tan cotizado como el pan del día”, dice mostrando los pocos dientes que le quedan. Hoy, pese a que camina todavía un poco encorvado, quiere seguir fortaleciendo sus extremidades para que sus clientes vuelvan a llamarlo. Este experimentado cargador dice que tiene que salir pronto a enseñarles a los estibadores jóvenes cómo se trabaja de verdad.

MENTE SANA
Durante sus años de juventud, Marcelo Subia (77) era un talentoso dibujante de publicidad. Décadas atrás, las calles de Lima y Arequipa estaban llenas de carteles y paneles coloridos que habían sido rotulados por sus habilidosas manos. Hace ocho meses, luego de pasar muchas jornadas deambulando por las calles, Marcelo llegó al CAR. Al inicio era introvertido y poco comunicativo, pero con el paso de los días retomó su vocación de juventud. Esta semana Marcial ganó un concurso de la Mesa de Concertación del Adulto Mayor por un óleo de una pelea de toros que pintó en los talleres del albergue. Ayer también exhibió una serie de dibujos con pinturas al agua que mostraban estampas de las costumbres arequipeñas. “Uno debe seguir viviendo sus sueños y nunca bajar los brazos”, dice Marcial, de pie, en el salón de baile, como dando un último consejo a los inquilinos de “El Buen Jesús”.

Edición digita

Yoga
Anuncia aqui
Via Whatsaap