Tacna. Miles de pobladores del altiplano puneño dejaron su terruño para embarcarse en el sueño de una vida mejor en Tacna, trayendo consigo su pujanza y espíritu progresista. Ellos han extendido la urbe de una manera vertiginosa; lo que otrora eran arenales se convirtieron en asentamientos humanos y pueblos jóvenes, y luego en florecientes distritos y urbanizaciones de los conos norte y sur de la Ciudad Heroica.
Sin embargo, ese porvenir no es gratuito, tampoco es el que se percibe. En cada vivienda levantada de material noble o aún de esteras -en las invasiones-, se tejen historias que grafican el coraje y sacrificio que demandan a diario.
Uno de los pulmones de esa prosperidad se gesta en la salida a Ilo, en la avenida Ejército -o Litoral-, donde despidiendo a la noche y recibiendo el nuevo día, miles de almas dan vida a “La Parada”, un lugar que se convierte en un enjambre laborioso.
Desde las 03:40 horas, las combis y mototaxis desatan el desorden. Se estacionan como quieren y pueden, inundando ambos lados de la pista. Es el éxodo de los desempleados, ávidos de rifar sus fuerzas por unos cuantos soles. Y es que este paraje se ha convertido en la agencia de empleo que abastece de mano de obra a las chacras, molinos, construcción, invasiones y hasta desalojos.
Hasta allí concurren hombres y mujeres, madres con sus hijos, jóvenes y algunos ya casi ancianos que todavía rebozan de energía.
Este tumulto, ubicado en el centro poblado Augusto B. Leguía, se asemeja a los laberintos laborales de Juliaca (Puno) o Zamácola (Arequipa), que también se ensamblan en la madrugada y se desarman a las pocas horas.
En esta oscura, fría y húmeda madrugada, la cámara de Sin Fronteras captó más de mil almas, todas rociadas de esperanza, embargadas de hambre y desilusión; esto último incendiado por el olvido del Estado.
La mano de obra se sortea a como venga. Hay quienes pagan 40, 50 hasta 60 soles, pero también arriban los patrones ‘regateros’, esos que exigen lampeadores a 35 y 40 soles. La oferta y la demanda hacen que allí se instaure la desigualdad; y sin quererlo los mismos obreros rematan sus esfuerzos al que venga.
CONTRATOS DELIBERY
Irma Maquera, una de las tantas ‘tardonas’ llegó a “La Parada” a eso de las 4:25. En menos de dos minutos nos convenció que la necesidad y el hambre la hicieron ágil. “Me levanto a las tres, hoy hice arroz (graneado) con fideo salpicado, sancoché papa y freí lornitas (pescado). He dejado el almuerzo a mis dos hijos (7 y 11 años); los he dejado durmiendo, se levantan y van al colegio, solitos van y se cuidan hasta que regrese”, narra.
Irma nos regala su tiempo porque dice, tiene un trabajo asegurado. A las cinco vendrán a recogerla y la llevarán a una chacra de La Yarada. “Lunes, martes y miércoles vine por gusto, nada encontré. Solo el jueves me salió… El celular había sido gran cosa, una patrona me sabe llamar, hoy viene”, dice sonriendo.
Como ella, casi todos salen de sus casas, con sus ligeros fiambres. A los que se les ‘pega las sábanas’ y se levantan un poco tarde, deben engañar a su estómago, aunque sea con un par de panes y un jugo de quinua, o si se puede un caldo o su segundo; otros que les gana el tiempo deben “cargar baterías” al vuelo, y llevarse alguito. Desde las cinco a nueve de la mañana, “La Parada” hierve.
A QUIEN MADRUGA DIOS…
Estos desempleados ‘despiertan al sol’. Algunos todavía legañosos y chascosos, reciben sus empleos a oscuras, otros son contratados teniendo como testigo al alba. Los que madrugan son los primeros que consiguen “chamba”.
OFERTA Y DEMANDA
Minibuses, combis, camionetas y autos requieren la mano de obra. ¡Ocho mujeres, para aporque (abonar los cultivos)!; ¡doce para lampear!. En el orden de llamada, van subiendo a los carros; algunos solos, otras cuadrillas topan la solicitud. El resto de obreros queda supeditado a que un empleador fugaz soprepare con su vehículo y se los lleve; esas escenas grafican un cardumen de pirañas que van tras un pedazo de carne. No todos tienen suerte. De los mil que llegan allí, apenas el 15 o 20% es empleado, el resto se queda con la ganas.
VÍCTIMAS DE LOS POLÍTICOS
Los laboriosos se quejan de que el actual alcalde, Luis Torres Robledo; el gobernador regional, Omar Jiménez, solían aparecer en campaña, para conquistar votos. “Nos prometían trabajo, decían que una vez ‘arriba’ harían obras y faltaría mano de obra. Mentira, no vienen ni por el vuelto”, reniega Elena Choque, a quien –dice-, la gente del alcalde les quitó su mercadería, y ahora sin capital tiene que estirar la mano por un trabajo en las chacras.
Los inquilinos de “La Parada” vienen desde Alto de la Alianza, Ciudad Nueva, los pueblos jóvenes de Gregorio Albarracín, Lanchipa, las invasiones de Alto Viñani, Kabul, Las Canteras, etcétera. Aunque no les intimida, están hipotecados a mendigar un trabajo hasta que la fortuna les sonría, su salud palidezca o las fuerzas les flaqueen.

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