Día de miércoles

Cuando en una afiebrada hora acepté la invitación de enseñar derecho bancario, les explicaba a mis alumnos sobre la importancia del BCR en la economía nacional; y que si bien en los primeros directorios estaban los alegres señorones oligarcas que representaban a los gremios empresariales de esos tiempos; y luego que el desastroso gobierno de Alan García saqueara las reservas y nos convirtiera en leprosos financieros, y para evitar nuevos disparos, desde la Constitución de 1993, y la Ley 26123, se fortaleció la conformación del Directorio del BCR, propendiendo a su autonomía y tecnocracia (para que no haya de nuevo la estúpida inflación neta e inflación bruta, creaciones groseras de los apristas; o la emisión inorgánica, o que se rifaran los ahorros nacionales y etc., etc.).

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Por eso, en el art. 11 de su ley orgánica se establece en forma diáfana que los directores deben ser personas de reconocida solvencia moral y amplia experiencia en temas económicos y financieros. Lógico, porque si permitimos que cualquier político invocando ser “originario” o “representar al segmento popular”, se meta en las finanzas nacionales, se volvería a manejar la economía por decreto, más o menos lo que hizo Velasco Alvarado, que por decreto dispuso que “no había crisis”, y otras quimeras similares.

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Una actual boba y galopante muestra es el manejo económico inmaduro del gorila venezolano Maduro (pata del alma de los comunistas peruanos). Pero resulta que el Congreso, mostrando cuánta razón tenía Lenin al referirse a él como “el establo parlamentario”, entre gallos y medianoche eligió a tres directores: Un “todo terreno” político (Rafael Rey), un “empresaurio” metido a político con gravísimas acusaciones (Chlimpler) y un economista de dudosa ejecutoria. Y cual ovejas cuando amanece, en medio de berridos y muchos rebuznos, los apro-fujimoristas aprobaron la presencia de estos personajes en el Directorio del BCR.

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Y vaya que más sincero no pudo ser Rafael Rey (si no a lo mejor le caía todo su querido Opus Dei por mentiroso) manifestando que “va a estudiar, porque fuera del sentido común que tiene todo ciudadano, no tiene conocimiento especializado”. Caray, con esa lógica, para qué diablos está la ley, si los propios congresistas no la cumplen.

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Es decir que Rafael Rey va a ir a aprender macroeconomía en el Directorio del BCR, se va a convertir en un alumno de lujo, con profesores particulares y con sueldo; y la verdad que cualquiera de mis recordados alumnos (a quienes les exigía bastante) le podría dar clases de derecho bancario. ¿O a lo mejor la sentenciada Cecilia Chacón le va a enseñar economía?

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Y es una vergüenza que el aprista (tenía que ser) Velásquez Quesquén salga a decir que “Rey es un hombre de Estado” y que por eso votaron a favor. Oiga, pero eso no dice el art. 11 de la Ley Orgánica. ¿Es que no la han leído ni los propios congresistas? Una vez más aparece, cual espanto de Halloween, la sombra de la toma y daca. Es decir que no hay ninguna garantía de autonomía y capacidad técnica en el BCR. A este paso, vamos a tener que comprar reservas morales, que en eso estamos en un déficit tremendo.

 

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