Lo primero que piensa una autoridad, un personaje público o cualquier ciudadano, cuando se publica algo negativo sobre él, es que hay una mala intención del periodista, que la noticia está direccionada, que tiene como único fin dañar y que hay intereses particulares detrás de ella, como si quien escribió la nota fuera un conocido viejo enemigo.

Si decimos que hay indicios suficientes para investigar por corrupción al alcalde Pepito Jiménez, lo que nos lleva a publicar la información son los indicios existentes, no el hecho de que el alcalde se llame Pepito Jiménez; si hubiera sido Perico de los Palotes, igual la nota habría sido publicada. La seriedad y magnitud de la acusación y el cargo que ostenta el acusado es lo que importa en este caso, no el nombre. En conclusión, nunca hay nada personal.

El último domingo, Juan Reynoso Guzmán, entrenador del FBC Melgar, vio malas intenciones y enemigos donde no los hay. Fue como si -por poner un ejemplo- se hubiera encontrado con el que le hizo la vida imposible en el colegio. Se acercó a Fabricio Revoredo Carty, periodista del diario Todo DxT, y le dijo, entre otras cosas: “Sigue tomando fotos nomás, huevón”. “Cuando esté en la calle le voy a tomar fotos a tu madre y a tu hermana, a ver si les gusta”.

Reynoso seguramente cree que se le toma fotos por fregar, para capturar su peor ángulo, incomodarlo, para irritarle los ojos con el flash, malograrle los oídos con el sonido del “disparo”. Si es así, algo no anda bien en su cabeza. Aquí no hay nada personal. Si Pepito Jiménez hubiera preferido el fútbol a la política y actualmente sería el entrenador del FBC Melgar, lo mismo habríamos hecho con él. Más que de nombres, se trata de cargos. ¿A qué periodista le hubiera interesado tomarle una fotografía a un Reynoso dedicado a la vida oficinesca en los suburbios de una gran ciudad?

A la gravedad del caso se suma el hecho de que la agresión de Reynoso es gratuita. El diario Todo DxT jamás ha tenido problemas ni con la dirigencia, ni con los jugadores, ni con el cuerpo técnico del club Melgar. Las notas periodísticas publicadas en él han sido siempre en el marco de la objetividad, la mesura y las buenas intenciones. Ni siquiera hay un contexto propicio para intentar justificar la actitud del señor Reynoso. Al contrario, este periódico siempre le ha dado los méritos que se merece como entrenador de fútbol. Es una lástima que lo que hace en la cancha lo borre fuera de ella.

Reynoso no solo le ha faltado el respeto gratuitamente a Fabricio Revoredo y al diario Todo DxT, sino a todos sus lectores, que son miles. Las fotos que tomamos no son para nosotros, para pegarlas como pósteres en nuestra habitación, sino para quienes nos leen, para esas personas que lo apoyan en la cancha y que lo creen un técnico exitoso.

Reynoso, prácticamente, les ha dicho a todos: “Sigan viendo mis fotos nomás, huevones”. “Cuando esté en la calle les voy a tomar fotos a sus madres y hermanas, a ver si les gusta”. Parece que sufre de delirio persecutorio. Piensa que todos le quieren hacer daño.

Sinceramente, el “autogol” de Reynoso ha sido histórico y patético.

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