Puno. El jueves 1 de diciembre será una fecha que muchos querrán borrar. Pero hacerlo será difícil.

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Fue el día en que la furia de la naturaleza remeció sin clemencia el corazón del Altiplano. Dos sismos de 5.5 y 3.9 grados en la escala de Richter fueron suficientes para derrumbar decenas de viviendas edificadas de material rústico (adobe, paja y calamina) y sembrar la muerte en las comunidades del distrito de Ocuviri, provincia de Lampa.

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El movimiento telúrico también engendró pánico y desolación en varias localidades vecinas como Paratía y Vila Vila (y sus anexos), donde un gran porcentaje de casas se resquebrajaron y quedaron inhabitadas.

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El epicentro

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Siguiendo el rastro de dolor, ayer diario Sin Fronteras llegó hasta la comunidad de Chapioco (Ocuviri). Allí, una familia, como muchas otras, estaba sumida en el dolor.

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Una niña de 5 años murió aplastada por la pared de adobe y el techo de calaminas que se desplomaron. Su madre, Natividad Campos Cahuaya (25), apenas sintió el ruido y el temblor incesante, salió de la habitación junto a sus 4 hijos, pero la menor de edad se atoró en la puerta.

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Ella logró salvar a Yordy, un bebé de año y medio, a Rony (7) y Frank (8), pero Katerin falleció bajo los escombros.

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Hasta el lugar llegaron autoridades comunales y un regimiento de la 4ta. Brigada de Montaña, que poco pudieron hacer. Solo visitaron a la familia y no levantaron el cadáver, pues el juez de paz se hallaba auxiliando a los suyos. Hasta el mediodía no había fiscal para la diligencia.

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Pero Chapioco no fue el único poblado arrasado. A unos 20 kilómetros se ubica Parina, donde quince viviendas quedaron en ruinas. Nemesio Ticona Apaza, presidente de las Rondas Campesinas del lugar, narró que solo bastaron 20 segundos para que inunde la destrucción. “De los cerros caían rocas, había polvo por todos lados, ruidos, sonaba feo… hay como cincuenta casas inhabitadas; casi todo el pueblo. Necesitamos ayuda, no tenemos dónde dormir ni qué comer”, expresó entre sollozos mientras señalaba cómo quedó su vivienda.

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Pueblo fantasma

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A casi media hora de camino llegamos al anexo de Chacapalca. Las enormes grietas en la trocha carrozable sugerían la magnitud del evento. Las casas de adobe, las covachas de piedra y cobertizos para el ganado se derrumbaron. Lo peculiar en esta zona es que parecía un “pueblo fantasma”, ya que sus moradores fueron a poner a salvo a sus animales y a solicitar ayuda a la mina Aruntani S.A.C. y a las autoridades que llegaron desde la capital de la región. Aquí se percibe una contradicción, pues mientras la minera se ha llevado toneladas de oro, ayer sus comuneros recibían, en su lugar, pan y manzanas en el Tambo de Parina.

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Daños en Vila Vila

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El temblor dañó las estructuras del 30% de casas en Vila Vila, e incluso provocaron rajaduras en el palacio municipal que fue construido de material noble.

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Entre los lamentos escuchamos a Richard Aréstegui Cahuana, director del colegio Pecuario Artesanal. Junto a sus alumnos pernoctaron en uno de los ambientes luego de los sismos. “Ni siquiera han dormido, los niños estuvieron despiertos toda la noche porque cada nada se sentían réplicas, el pueblo se desesperaba, hoy no haremos clases, exigimos que venga ayuda, que nos atiendan”, reclamó.

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Reacción inmediata

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Tras los cruentos sucesos, el mismo jueves el Comité de Emergencia Regional de Puno (COER) activó las alarmas y dispuso que se envíen ayuda y asistencia humanitaria a la zona. Desde la medianoche, los servidores de Defensa Civil, bomberos y militares acudieron a las zonas devastadas, ayudando en la remoción de escombros y entregando apoyo consistente en frazadas, herramientas y agua potable.

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¡Emergencia!

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El alcalde de Ocuviri, Cosme Ccari, demandó que los congresistas por Puno intercedan en Lima para que el Gobierno decrete el Estado de Emergencia de las zonas devastadas, y disponga la inmediata reconstrucción de las viviendas destruidas. “Todos somos peruanos, si eso se hizo con los hermanos de Caylloma, Arequipa; se debe atender a los distritos de Puno. La población se ha quedado en la calle, lo han perdido casi todo.

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El Tambo de Parina está repleto, dónde van a dormir ahora los niños, no tenemos comida ni alimentos, menos medicinas”, acentuó. Puno lucha por levantarse en medio de los escombros.

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El Abasto

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