El obispo de Puno, Jorge Carrión Pavlich, dejó a un lado las palabras dulces y los llamados a la paz y armonía familiar y ofreció un sermón crudo, franco, reflexivo y cargado de reproches por Navidad para el poblador puneño.

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“El mejor modo de adorar al Niño es saber mirar el rostro del hombre de hoy en día, el rostro del hombre descartado y a ese hombre lo vamos encontrar en nuestro propio hogar”, dijo y seguidamente criticó cada uno de las costumbres navideñas impuestas durante los últimos años.

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Estaba leyendo un artículo y parece que el reparto de chocolate y panetón es signo de la Navidad; eso no hace más que encubrir nuestra propia miseria, nuestra propia pobredumbre porque durante todo el año se desprecia al hombre. Hoy es un día para volver a reafirmar ternura en nuestra vida para reconocer al hombre y no convertir esta fiesta de consumismo”, dijo refiriéndose a las compras.

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Respecto a las felicitaciones de Navidad dijo que no basta decir “feliz Navidad” porque esas solo pueden ser palabras huecas. “Hay que concentrarse en el rostro de los demás”, dijo.

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Además, se refirió a las noticias más importantes que sacudieron la opinión pública durante estos meses; lamentó el caso de los menores que asesinaron a su amigo y culpó al consumo de alcohol por lo ocurrido.

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Habló de la anciana que fue abandonada por sus parientes y reflexionó sobre la indiferencia que cunde entre la población.

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También se refirió a la salida de la imagen de la Virgen de la Candelaria y criticó que dijeron que la habían subido para desaparecer el penal de Yanamayo.

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Finalmente, llamó la atención sobre la muerte de un supuesto ladrón. ¿Y si era inocente?, preguntó. Finalmente, hizo el llamado de humanizar estas fiestas.y

El Abasto

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