Cerro Colorado. Fredy Cahuana ha pasado la mitad de su vida fuera de la razón, con esquizofrenia. Tiene 36 años y la mayor parte de su tiempo está en cama.

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No camina, no se para, no puede ir al baño solo. Un corte en la planta de su pie izquierdo, hace más de 8 meses, ha hecho que se hinche a tal punto que tenga el tamaño de un melón y le imposibilite movilizarse. Su otro pie tiene un uñero por donde sale materia; tampoco puede moverlo. Fredy Cahuana está ‘atado’ a una silla de ruedas y necesita ayuda.

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Cuando llegamos a su casa, él salía de su cuarto con la ayuda de su hermana Olga. Su vivienda, ubicada en la avenida Loreto, manzana E, lote 5, comité 8, en Río Seco, está hecha con sillares sobrepuestos. Son dos cuartos que tienen una antigüedad de más de 40 años, pero el poco presupuesto de su familia no permite que se mejore su calidad de vida.

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Fredy vive con sus tres hermanas y su madre, quien hace 10 años también está en silla de ruedas, por una artrosis que le ha paralizado los dedos de sus pies y manos. Todas son jornaleras en la chacra. El cuarto que comparte Fredy con su madre y una de sus hermanas no mide más de 5 metros cuadrados, su ropa está en cajas, y los colchones sobre los que duermen son viejos.

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Olga, quien nos recibió sorprendida, nos guía por el cuarto y su cocina, nos indica que está preocupada por los techos de calamina; todos tienen huecos y cuando llueve, el agua escurre y moja todo adentro. “Colocamos plásticos y tratamos de que no entre, pero así vivimos”, cuenta Olga.

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Genoveva Canahua, madre de Fredy, recuerda con pena cuando él estaba sano. “Mi hijo era trabajador, desde que tenía 11 años, me ha ayudado. Vendíamos alfalfa. Y se había comprado un carrito con el que ganábamos plata. Pero cuando se enfermó, de pronto se volvió agresivo y perdió la razón”, solloza. “Era mi sustento, me ayudaba, era sanito”, llora.

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Ana, otra de las hermanas, narra que a Fredy, antes de que tuviera la herida en la pierna, le gustaba escaparse a la calle desnudo; en aquella época era más robusto y tenía fuerza, ahora no pesa más de 50 kilos. “Tengo que limpiar todos los días la pus que sale de sus pies, de su cama. A veces hace sus necesidades en el patio porque no se puede mover”, explica la hermana.

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Fredy requiere de tratamiento psiquiátrico y de salud, por su herida, pero no puede tener Sistema Integral de Salud (SIS) porque no tiene DNI; y con él, tampoco su familia. “Nos dijeron que tenemos que asegurarnos todos, pero es complicado tramitar el DNI de Fredy porque no quiere moverse. Todo nos hace falta”, señaló Ana.

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