Cercado. Los cocodrilos aún tienen sus fauces amenazantes de monstruos prehistóricos. Parecen detenidos en el tiempo, caminando con sigilo hacia una presa que nunca atraparon.

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A pocos metros, el esqueleto de un primate trepando a un árbol emula las instantáneas de alguna película de piratas. El parecido con la osamenta de un humano estremece.

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En el área de mastozzología estudian a decenas de mamíferos.

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La sala del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional de San Agustín (MUSA) es una suerte de mausoleo animal: venados, cóndores, águilas, lobos marinos y un oso de anteojos se exhiben intactos en un salón de uno de los pabellones de la Escuela Profesional de Biología, en el área de Biomédicas de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA).

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Fue fundado en 1920 por Edmundo Escomel (1880-1959), exrector de la universidad San Agustín, y uno de los más importantes investigadores médicos de Arequipa. Era un apasionado de las ciencias naturales.

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Fernando Ancco trabajó investigando insectos durante dos años.

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Cuando regía la casa superior de estudios, creó el MUSA y atrapó, disecó y donó los primeros ejemplares de este museo, que hoy tiene más de 21 mil ejemplares de la fauna peruana.

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Pero por ahora, el MUSA solo exhibe 1.900 especímenes, entre aves, insectos, peces, mamíferos y reptiles..

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Otras 40 mil especies están encajonadas en los almacenes de las cinco áreas de la pinacoteca: ornitología, herpertología, ictiología, entomología y mastozoología.
Esta colección es la segunda más grande del Perú después de la que tiene la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Lima.

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En el área de ornitología (aves), por ejemplo, hay 1.200 de las 1.800 clases de aves que hay en el país.

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“Parte de la investigación es guardar todos los especímenes en cajones a una temperatura adecuada, pero también sería ideal que sean exhibidas a la población”, dice Mauricio Ugarte, uno de los curadores del museo.

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En el área de ornitología están mil 200 de las mil 800 clases de aves que existen en el Perú.

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En 2011, un grupo de ornitólogos voluntarios del museo se enfrascaron en una investigación de años: descubrir una nueva clase de lechuza a la que pusieron el nombre científico de Hockinci, una subespecie de la lechuza Koepckae Megascops.

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El animal vive en los valles secos del río Apurímac, entre las regiones de Cusco y Apurímac.

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“El objetivo de nuestros estudios no solo es obtener información del hábitat de los animales, sino también poder contribuir con su reproducción”, explica Ugarte.

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El museo tiene más de 50 voluntarios.

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Desde el año pasado, otro grupo de científicos del área de mastozzología (mamíferos) estudia el hábitat de varias familias de murciélagos y roedores de la región. También analizan a la nutria de mar y de la laguna Mamacocha.

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También exploran la genética, ecología y biogeografía de algunos marsupiales y mamíferos.

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El director del museo, Evaristo López, junto a algunos voluntarios de la pinacoteca.

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Fernanco Ancco es un exalumno de Biología y voluntario del área de entomología (insectos y artrópodos).

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Hace dos años, cuando Fernando se graduó como biólogo, realizó su tesis a cerca de los escarabajos de Arequipa. “Con mi trabajo he querido demostrar cómo viven y se reproducen los diversos escarabajos estorcoleros que viven en nuestra región”, cuenta.

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Actualmente el programa Ciencia Activa de la UNSA solventa los gastos de las tesis de algunos alumnos. Y gracias a este programa Fernando realizará una nueva investigación, esta vez acerca de las libélulas.

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GASTAN DE SU BOLSILLO

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Para conservar 20 mil de estos especímenes, los curadores del museo deben cambiar el alcohol etílico de los frascos en los que se sumerge a varios animales.

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Necesitan 4 mil litros de alcohol, insumo comprado por los mismos voluntarios del museo. Hay cinco formas de conservarlos.

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“Cada litro nos cuesta más de 4 soles, sabemos que es responsabilidad nuestra conservar nuestros animales, pero también necesitamos ayuda de la universidad para trabajar mejor”, pide un voluntario.

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El MUSA también se solventa gracias a los cursos y talleres que ofrecen cada año.

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Este mes ofrecieron un curso para biólogos sobre morfometría geométrica, ciencia que estudia la evolución de las especies en determinados ambientes.

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Hace mucho que el MUSA ha solicitado apoyo a varias entidades nacionales para contar con local propio donde exhibir toda su colección.

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No han recibido nada más que promesas.

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La última vez pidieron ayuda al Gobierno Regional de Arequipa en 2016. “Los de la Región nos dijeron que vayamos buscando un lugar, habían propuestas buenas pero todo se quedó en stand by”, asegura Evaristo López Tejeda, director del museo.

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Por ahora esperan que el rector Rohel Sánchez construya el edificio administrativo que les prometió a inicios de año.

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“Nos aseguró que uno de los ambientes del nuevo edificio que construirá dentro de la universidad será para el museo”, añade.

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Hasta que eso suceda, los 4 mil especímenes del MUSA seguirán escondiendo sus secretos entre cajones olvidados y atiborrados de fríos almacenes.

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Yura

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