Puno. La ciudad de Puno genera más de 100 toneladas de basura por día según la Gerencia de Medio Ambiente y Seguridad de la Municipalidad Provincial de Puno (MPP). Esos residuos sólidos son depositados en el botadero que se encuentra en la comunidad de Cancharani, el cual opera vulnerando las normas ambientales y de salubridad.
En esta crónica nos abocaremos a los recicladores del basural que trabajan desde las nueve de la mañana hasta las cinco de tarde. Ellos, se “zambullen” entre los desperdicios e inmundicia, para poder llevar un pan a sus hogares y asegurar el futuro de sus familias.
Celia Ramos, una madre emprendedora que trabaja como recicladora de sol a sol, sin feriados ni un sueldo fijo. Labora más de un año como recolectora de residuos sólidos para sacar adelante a sus dos hijos, uno de ellos tiene tres años quien recién aprendió a caminar y no lo puede llevar a su trabajo porque puede enfermarse por la contaminación que existe en el lugar, ella se tiene que conformar con verlos al regresar a casa porque no puede pasar con ellos durante el día.

RECICLAJE
“Todo lo que reciclamos lo vendemos a los carros recolectores, algunas de mis compañeras trabajan con sus hijos y venden lo recolectado aproximadamente en cincuenta soles por semana. Yo trabajo con mi mamá pero cada una de nosotras vende al finalizar el mes porque seleccionarlo nos toma dos a tres días, lo malo de unir todo antes de vender es que los líquidos de la basura nos hacen daño y tenemos que tener mucho cuidado”, mencionó.
“Una de las razones principales por las que reciclo es para sacar adelante a mis hijos y no depender de mi esposo. Yo recolecto al mes tres a cuatro sacos con botellas, cauchos y latas, valorizado en aproximadamente ciento cincuenta a doscientos soles por mes para los gastos de mi hogar”, indica.

FUE VENDEDORA
Celia recuerda que antes de ser recicladora vendía quesos de lunes a viernes en el mercado Laykakota y los fines de semana llevaba agua de cebada para vender en las ferias sabatinas; y en temporadas de helada expendía comino, pimienta, canela, entre otros productos. Pero desde que tuvo a sus dos hijos no puede regresar a su negocio porque es de dedicación diaria y en su actual trabajo nadie la presiona ni apura.

TEJIENDO
“Nosotros como asociación rotamos en grupos de cuatro cada cuatro meses, los días que no me toca trabajar atiendo a mis hijos y comparto momentos que no puedo pasar con ellos cuando estoy en el botadero, tejo artesanías para los turistas y de esa manera poder ganar un poco de dinero porque si no hago nada en mi casa nadie me da dinero por estar sentada. Las compañeras que tienen familia o no necesitan del trabajo hay veces comparten su cupo con las vecinas que son madres solteras, viudas, entre otros”, agregó.
Finalmente, Celia dijo que se siente agradecida con Dios por no enfermarse hasta el momento gracias a que se cuida fajándose para que no le duela la columna y pijcha coca durante todo el día para no enfermarse, pero no deja de recordar que algunas de sus compañeras de trabajo se enfermaron, sufrieron de insuficiencia respiratoria y males pulmonares y una de ellas murió por contraer enfermedades en el botadero.

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