Cercado. Algunos llegaron escapando de la crisis que envuelve sus países, y otros en busca de oportunidades de negocio.
Venezolanos, colombianos, italianos, franceses y marroquíes hacen patria lejos de casa. Con ellos, un pedacito de sus naciones ahora vive en Arequipa.

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VIVIR, NO SOBREVIVIR

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En las afueras del Mall Aventura Plaza, Andy Martínez Aguayo ofrece humeantes arepas junto a su novia Estéfanie Pérez. Llegaron a Arequipa en marzo y viven alquilados en un departamento de Miraflores. Tenían planes de casarse en julio, pero utilizaron sus ahorros para un mejor fin: escapar de Venezuela.

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Estéfanie -enfermera que hasta enero trabajaba en el  Hospital Infantil “Hugo Chávez” ubicado en El Valle, en Caracas- cuenta que “la vida es insostenible” en su país.

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“Vas al supermercado y está vacío, no hay para comer, y si hay, está caro. Todos los días hay enfrentamientos entre opositores al régimen de Nicolás Maduro y la Policía Nacional Bolivariana. No se puede vivir así, en medio de una guerra”, dice sin perder la sonrisa.

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Martínez Aguayo señala que ambos empezaron sus trámites en abril en la Oficina de Migraciones, para acogerse al D.S. 002-2017 emitido en enero pasado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski. La norma permite a los venezolanos obtener el Permiso Temporal de Permanencia (PTP). Con este documento no pueden ser deportados si consiguen trabajo durante un año.

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Venezolanos tienen la esperanza de que cese la violencia en su país; mientras tanto, muchos venden arepas.

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El dinero para su matrimonio, dice la pareja, les alcanzará para vivir algunos meses hasta culminar sus trámites. Ella quiere convalidar su título de enfermera y él, administrador, aperturar un negocio.

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“Arequipa es una ciudad muy bella, nos gusta vivir aquí. Pero todavía estamos al pendiente de lo que pase en Venezuela”, agrega Martínez.
Para Jesús Quintero Pérez, otro venezolano que vive en Arequipa alrededor de 1 año, entre enero y marzo, 900 “paisanos” emigraron de la tierra de Simón Bolívar.

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“Hay muertos a diario allá. Es insoportable. Estamos agradecidos con esta ciudad y con este país por acogernos”, dice.
Entre enero y marzo, la Oficina Regional de Migraciones entregó 134 PTP a ciudadanos de este país. El trámite cuesta S/ 450 en promedio.

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SABOR COLOMBIANO

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En el pasaje Santa Rosa 213, Alva Betancour masajea con una mano la mezcla de carne y frijoles con que preparará la  “bandeja paisa”, y con la otra revisa la olla donde coce el “sancocho” (caldo de gallina).

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Su esposo David Duque alista los platos y recoge los que dejaron algunos clientes en este pequeño local de 7 mesas.
Hace 8 meses llegaron a Arequipa y desde hace dos abrieron su restaurante “Rincón Colombiano” en este concurrido pasaje del Cercado. Ambos son naturales de Barranquilla.

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Betancour fue escolta de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, pero a la vez aprendió a elaborar  los  platos típicos de su país.
Cuenta que le gusta preparar los “buñuelos paisa”, una masa de harina que, además del “secreto de familia”, incluye una buena porción de queso.

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“Una vez que vienen a probar la comida colombiana, siempre vuelven. Es muy agradable Arequipa; el clima, todo muy bonito, muy parecido a mi Barranquilla, pero sin tanto frío”, dice Betancour.

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Alva Betancour vende platos típicos de Colombia en el pasaje Santa Rosa.

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Ambos prevén abrir nuevos locales este año. “La mayoría de nuestros clientes son arequipeños”, agrega.

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AÑORANZA

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Otro amante de la comida y que hace patria es el marroquí Mohamed El-Amra. Aunque por ahora está alejado de la cocina, tiene lista las herramientas para abrir un restaurante donde ofrezca platos de “la segunda capital gastronómica del mundo después de Francia: Marruecos”, denominación que obtuvo por la variedad de platos.

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Vive en Arequipa hace 15 años y se casó con una arequipeña. La conoció en Marruecos y  la conquistó preparando “kusqus”, el plato bandera de ese país. Se trata de una mezcla de sémola (harina de Marruecos), carne de res, pollo y 7 verduras.

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El-Amra cuenta que la gastronomía arequipeña y peruana tiende la misma ascendencia que la marroquí.

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Mohamed El-Amra quiere abrir un restaurante de cocina marroquí.

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Explica, por ejemplo, que el ras-al-hanut es un preparado único de ese país que agrupa 101 condimentos, varios de los cuales están en el Perú.
Sin embargo, para preparar el kusqus debe pedir a sus familiares en Marruecos que le envíen algunos ingredientes que solo hay en esa nación.
Mohamed obtuvo la nacionalidad peruana hace dos años.

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“Está en mis planes abrir un restaurante, pero me gustaría visitar a mi familia”. Por ahora, trabaja en la calle Mercaderes con un negocio de venta de revistas y periódicos.

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Fusión de platos

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Lejos de casa, el chef Anatole Bodin, natural de Auvernia, Francia, se gana la vida preparando y vendiendo platos típicos de este país.
Vino con su familia hace 4 años a Arequipa, y en enero aperturó su restaurante “Némesis”, ubicado en calle Bolívar 114, Cercado.

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“Me gusta Arequipa porque es una ciudad cálida y encuentro casi todos los ingredientes para los nems, spring rolls, bo boun y ensaladas que preparo. La comunidad de franceses es la más grande en Arequipa”, cuenta sonriente.

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Bodin espera abrir más locales en la ciudad, por la buena acogida de su comida. En su pequeño local recibe a turistas y, según él, los “franceses se sienten como en casa”.

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Situación similar pasa con el chef arequipeño Gonzalo Rodrigo, quien acaba de abrir “Martizili”, un restaurante de comida peruano-suiza ubicado en la intersección de la calle Palacio Viejo con La Merced.

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Las banderas suiza y peruana flamean aquí junto a un letrero al ingreso que dice: “Aquí se da aumento en el menú”.

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Rodrigo cuenta que viajó a Suiza para trabajar como chef y conoció a Nanide Liechti.  Ella es experta en preparar postres y a él nadie le gana en fusión gastronómica. Hay platos  europeos cuyos ingredientes se los trae un proveedor desde el extranjero. “A mi esposa le costó un poquito adaptarse al clima arequipeño”, cuenta.

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EN BUSCA DE JUSTICIA

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El italiano Pietro Capecchi lleva 4 años buscando justicia en los pasillos de la Corte Superior de Arequipa. Este empresario vino en el 2010 para invertir en la construcción de un edificio en Yanahuara.

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En el 2011 decidió conformar la constructora Capecchi EIRL, pero, al no poder residir en la ciudad por su calidad de extranjero, tuvo que volver a Italia. Dejó entonces la construcción del edificio de 4 pisos, en Los Gladiolos, a un arequipeño.

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Luego de tres años de enviar más de S/ 4 millones para la obra, los responsables aparentemente desfalcaron el dinero y lo destinaron para obras particulares. Ahora, 22 personas están investigadas por defraudación tributaria y asociación ilícita para delinquir.  La fiscalía solicita 12 años de prisión para ellos.

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Italiano Pietro Capecchi

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“Ya sé que no voy a recuperar el dinero perdido, pero al menos quiero justicia, quiero creer en la justicia de este país”, dice. El proceso podría llegar este año a su fin.

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Entre el ínterin de jueces y abogados también encontró el amor. Se casó en 2012 con una abogada arequipeña y dice que se quedará en la ciudad. Tiene planes de continuar en el rubro de la construcción en la ciudad.

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