Camaná. Durante la Guerra con Chile (1879), el almirante Miguel Grau Seminario se escabulló del ataque chileno escondiendo el monitor Huáscar en la caleta de Quilca, en la provincia de Camaná. Esta es una historia que pasa de generación en generación entre sus pobladores.

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La historia no tiene asidero científico; no existe tal hazaña en la bitácora del Huáscar. Lo que se acerca más a la realidad es que esta embarcación ancló en Quilca en mayo de 1877, cuando un grupo de rebeldes capturó la insigne nave que se dirigía a Antofagasta para recoger al líder de la revolución, Nicolás de Piérola Villena.

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RUTA TURÍSTICA

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Bajo estos hechos históricos, el alcalde de la municipalidad provincial de Camaná, Jamil Vásquez, ha decidido impulsar la ruta turística de Grau y el Huáscar, desde Quilca hasta Quebrada Honda, cerca al puerto de Matarani.

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Un recorrido que bien se puede realizar en tres días y dos noches y disfrutar de paisajes naturales de ensueño.

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El primer punto de parada de la ruta es en el kilómetro 8 de la vía Quilca-Matarani. Allí existen unos petrograbados muy cerca a la carpeta asfáltica.

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Unos minutos más adelante se encuentra la playa La Virgen. Es un lugar con aguas mansas donde el turista puede practicar la pesca de lenguado y corvina. En el lugar se tiene previsto realizar capacitaciones de pesca con anzuelo.

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Autoridades y pobladores realizaron una visita por la ruta de Grau y el Huáscar, el pasado fin de semana.

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La siguiente parada es la caleta de Quilca, lugar atiborrado de pequeñas embarcaciones que a diario transportan a los pescadores, quienes extraen los productos marinos para abastecer los terminales pesqueros de Arequipa y la región.

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Aquí los dirigentes han planteado en el presupuesto participativo 2018 que se construya un mirador turístico. Sus aguas mansas lo ameritan.
Por su parte, el turista puede alquilar un yate que lo lleve a pasear por las orillas del mar, desde Quilca hasta Matarani, apreciando el azul verdusco de sus aguas, las huacchiras que pasean por el cielo y hasta los lobos marinos que asoman en los días soleados por las caletas e islas que existen en esta ruta.

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Quilca es un pueblo pequeño, pero muy católico. En febrero recibe la visita de cientos de devotos fervientes de la Virgen de la Candelaria. Desde lo más alto se puede apreciar el estuario del río Quilca; un conglomerado de bofedales que definen el final del recorrido del río Chili, que desemboca sus aguas hacia el mar.

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El siguiente destino es la caleta de Arantas, un bello lugar para bañarse en verano junto a toda la familia. Más hacia el sur encontramos la caleta de Huacchiray. Aquí se encuentra el arco de Huacchiray. Si desea gozar de las aguas del mar, este lugar es sin duda bastante recomendable. Los golpes de las olas se entremezclan con los cánticos de unas huacchiras que revolotean besando las olas, en busca de comida.

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A dos horas de caminata, aproximadamente, se llega hasta la caleta de San José. En este lugar se encuentra un hospedaje que puede ser el destino de descanso. En esta zona no hay televisión ni señal de teléfono, propicio para realizar una fogata o escuchar el sonido del mar. A un costado se ubica la caleta La Francesa. Los visitantes pueden llegar a la misma escalando por un acantilado. La Francesa es una caleta mucho más tranquila. Aquí el mar “duerme”, literalmente hablando.

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Estuario de Quilca. Aquí se junta el río Chili con el mar de Camaná.

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Si se continúa el recorrido, se llega a las caletas Ancutipa, Huata, Honoratos, Los Ángeles, Tutuy, Centeno y El Carrizal. Todos estas caletas paradisíacas se encontraban escondidas a la vista de la población por falta de acceso para transporte vehicular. Con la llegada de la Interoceánica, ahora es más fácil disfrutarlas, aunque lo más recomendable es un viaje en yate, bordeando las caletas por el mar.

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PROMOCIÓN

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El alcalde provincial Jamil Vásquez sostiene que la ruta de Grau y el Huáscar tiene por finalidad promover el turismo en la zona. En los próximos días armarán paquetes turísticos de la mano de empresas privadas para difundir sus bondades.

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Existe un conflicto entre Quilca y Matarani por la propiedad de estas caletas. Cualquiera sea el resultado de la demarcación territorial, no debe ser motivo que impida visitarlas y disfrutarlas, sobre todo para las personas que gustan de largas caminatas, lugares recónditos y las olas del mar.

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